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El camino hacia el terror (Relato Real)

Hola amigos esta semana con una nueva historia real publicada por Manuel rominguez disfrutalo.

La historia es acerca de 3 mujeres ellas siempre se turnaban para manejar ya que tenían que salir muy temprano de sus hogares para poder llegar antes de las 7 de la mañana a la primaria donde impartían clases, un día normal como cualquiera le toco a una de ellas conducir el auto aproximadamente a las 5 de la mañana se trasladaban (así que imagínense que tan largo era el viaje) como cualquier día le toco conducir el auto a una de ellas.

En el transcurso del camino la maestra comenta que se estaba durmiendo ya que había tenido una noche muy pesada y no lograba conciliar el sueño, decidió buscar una estación en la radio mientras las otras dos dormían una adelante como copiloto y la otra en el asientos de atrás, cuando de repente la maestra se concentró en buscar una buenas estación de radio y cuando levanto la vista estaba una vaca en medio de la carretera a sí que perdió el control del auto y se voltearon, dos de ellas se salvaron las que venían adelante con el cinturón de seguridad pero la chica que iba en la parte de atrás salió proyectada directo en el monte golpeándose la cabeza con una roca muy grande y perdiendo la vida.Minutos después, esta tragedia consterno a todo el poblado donde ellas vivían (de donde son mis abuelos y por eso conocemos esta historia y a sus familiares), ya que la chica había dejado a una niña de dos años y a un niño de apenas unos meses de nacido.

Pasaron aproximadamente unos años para que esta historia empezara a circular rumores en el poblado que todos los que viajaban en esa carretera siempre veían una chica sentada en la roca que les pedía raid pero por la hora y en medio de la nada, nadie se atrevía a detenerse para subirla ya que se les hacía muy raro ver a una mujer por la madrugada sola; o cuando decidían parar al momento de retroceder ya no a buscaban por ningún lado.

Y es aquí donde este mito o leyenda se volvió realidad, era un día normal las descargas de los traílles se hacían toda la noche empezaban a descargar aprox. Entre las 8 hasta las 3 de la mañana para que a las 5 salieran todos los camiones rumbo a sus destinos, un día no muy tarde uno de los tráilers que no era del poblado se atrasó ya venía muy rápido cuando el señor le cuenta a mi papa que ve a una chica como a las 10 de la noche llorando en la orilla de la carretera pidiendo aventón (el señor se decidió parar ya que no le vio nada extraño al contrario la chica era muy guapa y vestía muy bien se veía desesperada) el señor pensó que alguien la había dejado en el monte como una maldad ya que estaba muy asustada, el tráilero paro el camión y le pregunto qué le había pasado ella le comento que su auto se había salido del camino y había caminado mucho para llegar a la orilla de la carretera que estaba muy asustada por que sus amigas salieron a pedir ayuda y jamás regresaron por ella, solo le pedía un favor al señor que le diera un recado a sus bebes que los quería mucho y que pronto estaría de nuevo con ellos solo tenía que esperar que alguien la rescatara, el trailero dice que le insistió que la podía llevar al siguiente poblado aunque no iban en la misma dirección estaría más segura.

Ella le dijo que si llegaba al otro poblado que por favor que alguien que va a ese pueblo o si ve a sus amigas que vayan por ella, que ya se estaba haciendo más tarde y no habían regresado. El trailero le prometió que unos de sus amigos no tardaría en cargar y le pediría el favor que la llevara a su casa.

Cuando llego el señor al centro de carga todos estaban preocupados porque ya era más tarde de lo normal. Se dirigió a mi papa y le contó todo esto mi papa para justificarle la falta de su atraso mi papa estaba asustado le pidió que le describiera a la chica y le mostrara el recado que había escrito para sus hijos y sorpresa en la hoja no había nada todo estaba en blanco, así que le contaron al señor sobre esta persona que años atrás había fallecido y no importaba la hora siempre se aparecía, habían personas que al medio día la subían a su auto y cuando empezaban avanzar se daban cuenta que no era nadie.

No tardo mucho y el trailero se regresó a su estado dijo que jamás le había pasado esta situación y es que llevaba muchos años viajando de estado en estado.
Segunda historia real para compartir

Este es mi cuarto relato, estará un poco extenso pues para que comprendan tengo que explicar muy bien las cosas. Mi abuelito de joven era muy tomador y osado, y era muy común que se burlara cuando alguien le contaba experiencias paranormales. El rancho donde vive es separado por un arroyo, la parte donde está el campo de fútbol y que es por donde vive el, en el fondo; y la parte donde está el panteón y la entrada, la cual cuenta con un falso ( que es tipo portón de madera, entrada al rancho). Bueno el acostumbraba ir a tomar a un estanquillo allá en la parte de la entrada, y en una de esas ocasiones tomando con un compadre se desvelaron hasta las 3 am, su compadre se despidió y mi abuelo se fue unos 5 minutos después. Esa noche a el no le pasó nada. Al día siguiente se encontró a su compadre golpeado, con rasguños y moretones y antes de que mi abuelo preguntara que le había pasado, su compadre le dijo: “Ya ni la chingas, ayer después de salir del estanquillo iba a cruzar el arroyo y me paró el duende, me hizo muchas travesuras, me amarró con zacate y me tiró desde el puente al arroyo ( dicho puente tiene aprox. 2 metros de alto y el arroyo no está hondo) y cuando ibas pasando por el puente te grité y no me hiciste caso”.

Mi abuelo solo le dijo que no escuchó nada, después se carcajeó y le dijo seguramente estabas muy borracho, que chingados te va a andar parando un duende y si existiera me hace los mandados. Esa fue su gran equivocación. Poco después quizás una semana el tuvo que salir en su caballo a la ciudad a vender su cosecha (pimienta), aprovechado que estaba la feria se entretuvo allá, regresando a altas horas de la madrugada. Al llegar a el falso de su pueblo vio que alguien estaba sentado sobre el, era un ser pequeño, ropa muy fina, sombrero y zapatos, y tenía el camino lleno de espinas y ramas, creando una barrera difícil de pasar. Acto seguido el ser le comentó: “Así que tu eres el que no cree en mi, y según tu te hago los mandados”. Mi abuelo no comprendía las cosas hasta que recordó lo que le dijo a su compadre, bajó de su caballo y le dijo a mi si no me chingas, como pudo le intentó dar un fuetazo a el duende, pero éste se desvaneció y mi abuelo no supo donde quedó hasta que escuchó una carcajada volteó y vio al duende arriba de su caballo, y este muy alterado. Mi abuelo sólo cuenta que después de eso el duende lo perdió entre en monte con todo y caballo, lo amarró a un naranjo y lo azotó por un largo tiempo, en el cuál nunca dejó de recalcarle que era verdad lo que le pasaba y que nunca más lo volviera a retar, porque le iría mucho peor. Lo dejó ir pero sin su caballo, mi abuelo como pudo encontró camino y fue a la casa, llegó todo sangrado y con la camisa desgarrada, con una cara pálida y desencajada, no podía creer lo que le pasó, con una voz quebrada y lágrimas en los ojos de dijo a 2 de sus hijos, 8 y 6 años (de los cuáles el mayor es mi padre) que fueran a buscar al caballo. Mi papá me cuenta que cuando llegaron a el falso ahí estaba el caballo, pero demasiado inquieto y con miedo.
Mi abuelo les contó de esto después, porque si les hubiera dicho en el momento ni locos hubieran ido por el caballo. Creo que desde ese día tiene un cierto respeto por lo inexplicable o sobrenatural, pero fue a un alto precio. Buenas noches.

Relatos desde la Morgue (Reales)

Cuando llegue por primera vez a esa morgue, sentía que había algo y que no era normal, en mi vida había trabajado en tantos lugares y morgues diferentes, pero el ambiente en esa morgue se sentía muy pesada, sinceramente no me sentía bien en ese lugar, me habían contado tantas historias de terror sobre ese lugar, que los muertos se levantan a las 3 am, que puedes toparte con una anciana que ronda por el pasillo, que escucharas como los muerto hablan entre ellos.

para mi esas cosas, eran puros cuentos, en toda mi carrera nunca había presenciado algo que en verdad me haya dejado sin aliento y eso que mi turno siempre había sido de noche, según cuentan es cuando mas pasan las cosas sobrenaturales o las almas rondan por el lugar.

Mi primer turno en esa morgue fue la peor, me pusieron de asistente a una chica, se veía muy distraída casi no estuvo conmigo, siempre salia sin avisar, no hablaba mucho, me dejaba sola incluso por unas horas y cuando regresaba me decía que estaba haciendo otras cosas que no era su trabajo.

me moleste bastante ya que su trabajo era ayudarme y no andar haciendo otras cosas, no le dije nada ya que al otro día traería a mi asistente con el que había trabajado por años.

Eran mas de las 2:30 de la madrugada cuando mi asistente salio, le pregunte a donde iba, me dijo que ya casi era la hora….

me quede extrañada, quizá era la hora en que descansaba, como nunca hable con ella, deje que se fuera.

estaba realizando el informe de una chica, cuando vi la hora, eran las 2:49 y se me vino a la mente las historias que me habían contado sobre el lugar, se me escapo un suspiro, ya estaba cansada, así que tape el cuerpo con una sabana y me dispuse a descansar, tarde un poco en recoger mis cosas, cuando escuche que alguien se acercaba en el pasillo, pensé que era mi asistente, pero ella nunca mas apareció, me quede pensando en la anciana que ronda por el pasillo, me daba miedo encontrarla y es que no creía tanto en esas cosas.
pegue un brinco cuando mi reloj sonó, indicando que ya eran las 3:00.

sin darle importancia decidí salir de ese lugar, estaba a punto de hacerlo cuando de repente se apagaron las luces, una sensación de terror se apodero de todo mi cuerpo, empecé a escuchar voces, risas diabólicas por todos lados, encendí la linterna de mi teléfono y lo que vi me dejo helada, todos los cuerpos permanecían sentados sobre la mesa en el que estaban, casi me desmayaba, quise salir de ese lugar pero mi cuerpo no respondía, por unos segundos me quede observando como los cuerpos hablaban entre ellos…

después de eso ya no supe nada, ya que al día siguiente amanecí en una de las salas del hospital,
nadie me pregunto que había pasado, al parecer todos ya sabían de lo que vi, al rato llego uno de los doctores, el mas veterano del lugar, sin preguntar nada me dijo:

–Se lo que viste, que mala onda de que te hayan dejado sola y sin avisarte nada

–¿De que habla doctor.?

–hace tiempo llego una anciana grave al hospital, nadie supo de lo que padecía ya que le hicieron varios exámenes y no le encontraron nada, pero se veía bastante mal.

paso unas noches en este hospital y en todas esas noches pedía a gritos que no la dejaran morir, una madrugada a las 3 para ser exactos, la anciana se dirigió a la morgue del hospital y con un bisturí mato a uno de los forenses y a una de sus asistentes, según supe la anciana había hecho un pacto con el diablo para salvarle la vida a una de sus nietas que padecía una enfermedad incurable.
cuando realizo el crimen la anciana ya estaba muerta y quien mato a los doctores fue el mismo diablo que utilizo el cuerpo de la anciana, por eso a las 3 el diablo viene a jugar con los muertos, haciendo que hablen, incluso hasta que se levanten.

–Me habían contado esas cosas pero yo no creía y la chica que me dejaron de asistente no me menciono nada.

–¿Que chica? aquí no hay ninguna chica de asistente.

–¿Como que no? era una chica distraída me dejaba sola a veces, casi no hablaba mucho.

–Niña, si yo fuera tu, ya no regresaría a esa morgue, la chica que dices seguramente es la misma que mato la anciana.

–No puede ser, si estuvo conmigo casi toda la noche.

–La morgue quedo embrujada desde ese día, ni la anciana, ni el doctor y su asistente han querido dejar este lugar….

Dicho esto El doctor salio de la sala y yo me quede pensado en que hacer si seguir trabajando o no en esa morgue, lo que vi me dejo traumada así que ya no quise volver mas.

En un Hospital de mi ciudad, necesitan un medico forense,
Que tenga el valor de trabajar después de las 3 am. Aún siguen esperando conoces uno tu?.

© 2017 Todo los derechos reservados por Dr. Luis Coronado

El Baño Cuento de terror Reales

JUNO Cuento de terror basado en la obra de Guadalupe Villagrán “EL BAÑO” Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

No recordaba la última vez que tomé un baño de tina por la noche después de trabajar y más aún después de una mudanza que me dejó totalmente exhausta, me había mudado a una nueva casa, más amplia y con techos altos, de estilo antiguo en el centro de la ciudad, me la habían dejado a muy buen precio y databa de los años 30s de cuando la ciudad estaba en su mejor momento comercial, por lo que las construcciones eran macizas y llenas de detalles incomparables. Al principio olía a humedad y a viejo, ahora se podía percibir un olor a pintura que de principio calaba en la nariz; pero te terminabas acostumbrándote. Aun con algunas cajas sin desempacar lo que más me llamo la atención fue la hermosa tina de estilo “vintage” y sus cuatro patas de latón que le daba un aspecto agradable y te invitaba a sumergirte en ella por un largo rato. Mientras la llenaba con el relajante sonido del agua, cepillaba a mi gata “Juno” de raza snowshoe que había rescatado de un refugio y cuya rara heterocromia me había enamorado desde que lo vi maullando de frio en una caja de cartón. Habíamos sido compañeras desde hace mucho y aún estaba renuente de vivir en la nueva casa, la sentía tensa y sin ganas de explorar.

Mientras le ponía sales al agua e intenté poner alguna música suave en mi iphone, recordé la recomendación de una amiga al decir que un baño de tina era más relajante con la luz apagada, música suave y una copa de vino rosado. Quise intentarlo así que, encendí una enorme veladora de vainilla, apagué la luces, me metí en la bañera y el contacto con el agua sobre mi cuerpo de inmediato hizo su efecto en mis cansados sentidos. Tanto que olvidé poner la música, mientras acomodaba la cabeza en una toalla y vi a Juno sobre un toallero observándome fijamente y ronroneando como desaprobando el que estuviéramos en un lugar extraño, ella siempre me acompañaba en mis baños; pero esa vez estaba algo tensa moviendo su cola con nerviosismo. Mientras cerraba mis ojos, la obscuridad me fue envolviendo, las penumbras y sombras mezcladas por la tenue luz de la veladora hacían del momento algo extraño. Quise intentar quedarme totalmente a obscuras y apagué la veladora, enseguida todo se volvió negro. No sé cuánto tiempo estuve así y sentí inquietud y hasta una corriente helada a pesar de que el agua estaba tibia. No me agradó esa sensación y enseguida volví a encender la veladora, pensando en las tonterías que mi amiga me había recomendado. Por extraño que parezca la luz era menos intensa, la pequeña llama azul de la veladora apenas iluminaba unos centímetros; pero era suficiente para ver a mi alrededor.

El agua de la bañera era muy relajante, mis sentidos poco a poco se fueron acostumbrando a esa sensación de calma y somnolencia que gradualmente comenzó a inundar mis sentidos. Apenas iba entrando en estado de relajación profunda cuando sentí la cola de Juno ondear cerca de mis pies, en un acto reflejo moví el pie para ahuyentarla y comenzó a maullar nerviosa, sentí que saltó al piso del baño y comenzó a maullar, pero este era un maullido distinto al de mi gata y venia del centro del cuarto, por alguna extraña razón no había entendido hasta ese momento lo que ocurría hasta que abrí los ojos y vi a Juno en el toallero viendo al centro del cuarto y en posición de alerta, emitiendo pequeños maullidos nerviosos. Al voltear a ver me di cuenta que había un gato negro y me sorprendí mucho de ver al animal ahí maullando con un par de ojos amarillos y unos colmillos blancos muy largos. Eso hizo que me incorporara de prisa y con la inercia, tiré la vela con el pie y se me quedé en las penumbras, solamente la luz que provenía del cuarto que se colaba por debajo de la puerta iluminaba apenas el piso del baño, quise encontrar mi celular; pero no podía hallarlo. Ya con la inquietud doblegando mi mente, decidí que era momento de parar en ese juego de la tina y tiré del tapón para vaciarla y tomar un baño rápido. Por alguna extraña razón pensaba que debido a eso mi mente me estaba divagando imaginando cosas. Juno parecía estar calmada; pero no quería bajar de toallero, cuando por fin encontré el celular, lo tomé y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza cuando vi que la luz que salía por debajo de la puerta se apagaba; pero el alma me volvió al cuerpo cuando intenté encender la del baño y me di cuenta que no había. Se había ido al menos en mi casa. Encendí el móvil y tenía 5% de pila, por lo que apenas emitía una débil iluminación, aproveché entonces para poder bañarme, vestirme y acostarme. Al meterme de nuevo en la bañera noté que estaba estancada un poco de agua y supuse que mis cabellos habían tapado la coladera, a menudo pasaba eso, se me caía mucho el pelo, así que me agaché para quitar lo que obstruía la coladera y sentí que había mucho cabello, algo inusual, era la primera vez que utilizaba la tina y eso me causó extrañeza, mi mano se llenó de pelos y jalé para quitarlos, eran demasiados, al momento de sentir algo extraño además del pelo, quise tomar el celular para ver mejor que era aquello y escuché de nuevo los maullidos en medio del cuarto.

Al correr la cortina de baño, me di cuenta que estaba de nuevo ese gato negro ahí, maullando con desesperación, mientras que Juno hacia siseos nerviosos y agresivos al animal extraño que estaba ahí. Los ojos amarillos parecían emitir una luz que iluminaba sus bigotes al maullar y eso me inquietó, empecé a llenarme de ideas aterradoras al ver que sus colmillos eran inusualmente largos y blanquecinos. No sé cuánto tiempo estuvimos Juno y yo alertas, un leve ruido a mis pies me hizo voltear y al mirar de nuevo a donde estaba el gato, este había desaparecido. Abrí con cautela la regadera y al sentir que salía el agua me tranquilicé, vi con alivio que aquello que impedía correr el agua no lo hacía más. No había nada ahí. Me bañe rápido y a tientas Salí de aquel baño para vestirme y acostarme no quería saber nada más. Culpaba al cansancio todas esas alucinaciones, al sentir que Juno se trepaba en la cama y se acercaba a mi ronroneando me tranquilizo mucho, abrace al animal como si el me fuera a proteger de todo lo malo, pero ella al igual que yo éramos frágiles y temerosas. Me quedé dormida y tuve algunas pesadillas que no recordaba al momento de pararme con falta de aire y sudando por algo horrible que quizá había soñado, eran las 3:24 am. Me volví a acostar y veía el techo fijamente en tanto mis párpados se hacían pesados. Apenas iba cayendo en el sueño cuando sentí que algo caminaba en mi pecho, era ligero y supuse que era mi gata siempre hacia eso, al sentir el contacto de sus bigotes en mi barbilla abrí los ojos para abrazarle y sentí el horror paralizarme de pies a cabeza. Era el gato negro, tenía su hocico cerca de mi nariz y sus brillantes ojos amarillos miraban los míos con esas luces de muerte que me hicieron temblar. No emitía ningún ruido y entonces recordé algún cuento en que decían que los gatos te robaban el aliento y el alma. Cuando abrió el hocico para mostrar sus largos colmillos; pensé que era todo y que terminaría ahí muerta por el extraño animal. No termine de pensar eso cuando de improviso saltó Juno y tumbó al gato por un lado de la cama haciéndolo huir al baño y mi gata lo siguió.

Lo siguiente fue lo más horripilante que hubiera podido experimentar. Los gatos comenzaron a pelearse emitiendo maullidos y gruñidos que inundaron la habitación, parecía que se estuvieran masacrando entre ellos. Lo primero que sentí fue angustia de saber que mi gata estaba siendo lastimada y me paré enseguida; pero al hacerlo y entre los gruñidos de los animales logre percibir el gemido lastimero de una mujer que se quejaba por algo que la lastimaba. Ese sonido provino del baño, mis rodillas se doblaron al escuchar aquello tan claramente, sentí un pavor paralizante que hizo que cayera sobre la cama totalmente asustada y angustiada por todo lo que pasaba. De pronto se hizo el silencio y volvió la luz; pero el foco parpadeaba por la falta de corriente. Con voz entrecortada comencé a llamar a Juno y solo había un mortal silencio. No sabía que hacer estaba petrificada por el temor y abrazando mis rodillas para no bajarme de la cama, temía que algo me tomara por los tobillos apenas los pusiera en el piso, la puerta de salida estaba muy lejos y no tenía esperanzas de llegar y salir a tiempo, para quitar los tres seguros de una enorme y pesada puerta.

No sabía qué hacer, siempre había sido atea y no creía en nada, en ese momento quise tener toda la fe del mundo para creer en un Dios salvador. Volví a llamar a Juno casi en susurros y no obtuve respuesta, el terror hizo que llorara de angustia y de alguna forma el sueño me venció en esa posición con mi frente apoyada en las rodillas. La luz de la mañana hizo que despertara y enseguida un torrente horrible de recuerdos de la madrugada hizo que saltara de la cama y me vistiera rápidamente para salir de la casa. Al hacerlo lo primero que vi fue a una señora ya de edad que barría la calle, al verme con mi rostro de preocupación me preguntó si estaba bien. A lo que respondí que no. Estaba tan alterada que le conté mi odisea sin temor a que me fuera a tildar de loca. Con el rostro sorprendido la anciana me dijo que no había escuchado nada a pesar de haberse levantado de madrugada todo estuvo en silencio, su casa estaba a un lado de mía. Le pregunte entonces por los antiguos moradores y me comentó que había vivido una pareja de recién casados, la joven estaba embarazada y tenían muchas ilusiones por ese bebé, de tal manera que habían buscado un espacio amplio como el de mi casa para poder atender al niño; pero por complicaciones en el embarazo, tuvo que irse a vivir con su mamá. Por lo que el esposo la alcanzo después y dejó la casa. Sin embargo nunca supo que fueran acosados por algo y mucho menos que tuvieran gatos, ella entendía que mucha gente tenía a estos animales para protegerse de lo malo; pero no comprendía porque me sucedió eso a mí. Me quedé en las mismas, sin respuestas. Sus afirmaciones no hicieron más que pensara que todo había sido producto de mi imaginación producto del cansancio, o bien de algún principio de enfermedad, lo cual me asustó y no sabía a quién recurrir. La angustia se apoderó de mí y me sentí terriblemente sola. Para colmo no sabía nada de Juno, se había quedado en la casa y no quería volver ahí. Vencí mi temor al pensar que estaría atrapada ahí con hambre y sed buscándome en un lugar extraño, herida. Al pensar esto último hizo que corriera a la casa en su búsqueda, sin importarme nada.

Al abrir la pesada puerta de madera, vi que todo estaba en desorden por la mudanza; pero todo como lo había dejado. Cerré la puerta y caminé lentamente hacia mi habitación, no había dado un par de pasos cuando sentí un cosquilleo en mi cabeza y luego un golpe de viento leve que me hizo parpadear y alucinar; pero esta vez era distinto. Caí en un letargo extraño que me hizo ver que en realidad estaba en mi casa; pero era diferente. Había muebles antiguos, fotografías igual de antiguas que colgaban de la pared y un hombre parado en medio de la habitación, que al verlo sentí pánico. Estaba solamente ahí sin hacer nada, vestía un traje negro de época, peinado con betún que le hacía brillar el pelo y un par de lentes redondos que lo hacían parecer muy formal, parecía preocupado, no me vio y se pasó como si nada, el hombre era el mismo que parecía estar retratado con una mujer muy bonita el día de su boda, en un cuadro que estaba sobre la mesita de centro.

Entonces lo entendí, no pertenecía ahí, era mi casa; pero era otra época, lo que veía era un vórtice de tiempo que me mostraba una escena ocurrida tiempo atrás en lo que ahora era mi casa. Intenté moverme; pero el letargo me lo impidió, de algún modo estaba atrapada ahí sin poder hacer nada. Entonces me quedé viendo la escena que ocurría ante mis ojos, el hombre buscaba a la esposa, el llevaba unas maletas enormes de piel y broches de latón y un pequeño maletín negro que me indicó que era doctor por su nombre grabado en el. Dejó las maletas y caminó lentamente hacia la habitación de donde provenían unos murmullos y risitas, pegó el oído a la puerta aunque no hubiera sido necesario, incluso yo desde donde estaba pude escuchar la conversación. Era claro que la esposa lo engañaba y estaba con el amante, lo más inquietante era lo que se decían y una revelación hizo eco en aquel lugar. Se burlaban por haberle hecho creer al hombre que el hijo que había criado era de él, la verdad es que la pareja de amantes se había puesto de acuerdo para hacer esa charada con el hombre, que afligido y se apartó de la puerta derramando una lágrima y de la decepción llegó la ira. Apretando los puños, corrió a la cocina y regresó con un enorme cuchillo, violentamente abrió la puerta de la habitación y dentro la esposa estaba acostada, conversando con otro hombre, ambos cubrían su desnudez con una sábana satinada, cuando vieron la furia y las intenciones del esposo ofendido, el amante corrió para alejarse de él y como pudo salió de la casa sin que se lo impidieran. La mujer presa del pánico suplicó y el esposo descargó toda su ira en cada golpe de cuchillo que le propinó, la sábana satinada y las paredes de la habitación se comenzaron a cubrir de sangre, la orgia sangrienta terminó cuando el cuerpo de la mujer dejó de luchar y moverse. El hombre se quedó parado mucho rato, viendo su obra y el maltrecho cuerpo de lo que quedaba de su mujer. De pronto surgió la figura de un pequeño gato negro que se trepó a la cama y empezó a maullar lastimeramente por la mujer, el rencor por ver que algo amaba a la mujer que lo había engañado, produjo que tomara al animal por la cabeza y le enterrara el cuchillo en la panza, el gato hizo un maullido de dolor y agonía que se perpetuo por varios minutos hasta que se desangró.

El hombre tiró el cuchillo y tomó sus lentes salpicados de sangre y los limpió con frialdad, luego tomo el cuerpo de su esposa y la metió al baño, colocándola en la bañera. Fue por su maletín y varias herramientas y cometió otra atrocidad: empezó a desmembrar el cuerpo de la mujer. Mientras platicaba con ella y le decía que la amaba. Aquello fue tremendamente alucinante y horroroso, no quería seguir viendo, entonces luego de terminar de cortar los pedazos, limpió los restos y los metió en las maletas que llevaba, abrió la regadera para que se limpiara la sangre y de pronto notó que la abundante cabellera negra de su mujer había tapado la coladera de la tina, mientras intentaba quitar los pelos, repentinamente volteó a verme y en ese momento la “alucinación” terminó, estaba de nuevo en mi casa, con mis muebles y las cajas de la mudanza. El movimiento volvió a mí y me senté al no comprender que había sido todo aquello que vi. Por alguna extraña razón ese “viaje” me había dejado muy cansada y caminé hasta la habitación donde le llamaba a Juno una y otra vez. Las fuerzas me faltaron y me derrumbé en la cama, quedándome completamente dormida.

Seria de noche cuando desperté, estaba a obscuras y solo se veía la luz del reloj que parpadeaba marcando las 12:00. Mi cabeza estallaba e intente encender una lámpara de buró. No encendió así que de nuevo supuse que no había luz. La puerta del baño estaba entre abierta y de pronto escucho un maullido que provenía del interior. Aun con la somnolencia me paré tambaleante y caminé hasta el cuarto de baño para ir por Juno y salir de ahí. Quise encender la luz y solo parpadeaba el foco por la corriente baja. Con susurros comencé a llamar a Juno y de pronto sentí algo en mis pies, un bulto tieso y húmedo que me produjo una mala sensación y al ver con la poca luz, me di cuenta que era Juno la que estaba en el piso toda tiesa y herida de la panza, había muerto, tenía las vísceras expuestas. Aun no terminaba de ver eso cuando algo llamó mi atención. Al ver mi reflejo en el espejo vi algo más; pero me produjo pánico y fue lo que había escrito en el con sangre: “Tu sigues…”

Al leer esto, la luz del baño se apagó completamente y me dejó en total obscuridad, en ese momento comencé a sentir el frío de la muerte y supe que no saldría jamás de ahí con vida. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en mi cama y de nueva cuenta la luz del reloj parpadeaba marcando las 12:00 am, intuí de inmediato lo que sucedería al escuchar que del baño un gato maullaba. Me paré de la cama y salí abriendo la pesada puerta, afuera todo estaba quieto y no había personas en la calle seria de madrugada y no había luz en toda la colonia, me fui caminando por la obscura calle y desaparecí entre sus penumbras, nunca más volví a esa casa y nunca más volví a ver a mi gata Juno.

~Eduardo Liñán.

ASEDIO Relato basado en hechos reales

ASEDIO (#420 – 04/09/2017)
Relato basado en hechos reales contado por el S.R. Adrian Varela.
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Fue por el año 2009 que estaba activo en el Ejercito Mexicano, en aquel tiempo habían mandado a mi unidad a un destacamento de seguridad en una refinería de Pemex ubicada en Cadereyta N.L. Éramos en total 30 efectivos que llegaríamos a relevar otra unidad de apoyo que venía de otra región del país. Nosotros pertenecíamos a un batallón de infantería local y llegamos casi de inmediato de recibir la orden. Al llegar al inmueble comenzamos a montar el puesto de vigilancia y hacer un reconocimiento del lugar. Luego de que nos entregaran el mando. Cada uno de nosotros tomo un rol de vigilancia y un punto específico. La razón por la que habíamos tantos elementos es que eran tiempos difíciles, en el estado estábamos en alerta por los constantes incidentes en materia de seguridad, había una guerra y nosotros teníamos que estar siempre alertas para no ser emboscados en patrullajes o sorprendidos de alguna forma con la guardia abajo.

Estábamos algo desconcertados ya que el mando del relevo nos informó que días antes habían encontrado los cuerpos de unas personas que habían sido torturadas y ejecutadas a escasos 20 metros del perímetro de seguridad, un mensaje o una advertencia quizá para un grupo rival o para nosotros. El área donde habían sido encontrados estaba sin iluminación y era un lugar enmontado por lo que ese punto ciego lo conocían las personas que habían tirado a los muertos. No queríamos correr riesgos así que se organizaron patrullas para recorrer ese lugar sin ser vistos.
Habían pasado cuatro días y no hubo incidentes, a mí me había tocado la guardia de la madrugada y el relevo era a las 3 am. Como el destacamento estaba alejado del punto de vigilancia, había que hacer un recorrido previo en vehículo y llegar al lugar, el tiempo que nos tomaba hacer esta maniobra eran aproximadamente 40 minutos. El camino era tedioso y en total obscuridad solo iluminado por los faros de los vehículos, todos alerta y con las armas listas para entrar en combate por si nos salía una emboscada. Mientras veía la agreste vereda enmontada y polvosa iluminada apenas unos metros. Escuchaba la conversación de unos compañeros, no había puesto atención a lo que decían hasta que el soldado Ortega mencionó algo extraño:

–Sí, es cierto lo del muerto. He sentido que se me sube también.

Yo me quedé desconcertado después de escuchar aquello y no dudé en preguntarles sobre que hablaban. Uno de ellos, el soldado Ramos; comenzó a platicar que la segunda noche de habernos instalado notó que de madrugada uno de sus camaradas con el que llevaba una gran amistad empezó a hacer ruidos estando acostado en su cama, por lo que el despertó y vio que su amigo intentaba despertar; pero su cuerpo estaba tenso y sudaba copiosamente. Jalaba aire como si se estuviera ahogando. Se levantó inmediatamente para ayudarlo y lo comenzó a sacudir para que se despertara, extrañamente tenía sus ojos abiertos y viendo fijamente al techo. Luego de un rato de sacudirlo, el compañero se levantó asustado y respirando trabajosamente, claramente asustado, algo raro porque no era un soldado temeroso.

Luego de darle un trago de agua y calmarse le contó que llevaba algunos minutos que se le hicieron eternos tratando de despertar, intentando gritar o moverse y que entró en pánico cuando sintió que algo se le montaba encima con intención de matarlo, al escuchar eso enseguida se rio, burlándose de su sueño y le dijo que faltaba poco para relevar, sin embargo el también sintió algo poco después de acostarse y dormir un poco. El sintió que su cuerpo comenzó a flotar por encima y que se vio dormido, en un estado de relajación total, sintió que sus nervios hormigueaban de pies a cabeza y luego todo se hizo obscuro, desaparecieron los camastros, la galera y todo se hizo totalmente negro a su alrededor, después el frío. Un intenso frío lo rodeó haciéndolo temblar y lo más inquietante fue el silencio, era todo falto de sonido hasta que sintió que algo se postraba sobre él y sintió pánico de que le hiciera daño e intentó de la misma forma despertarse sin lograrlo durante un rato. Hasta que su compañero lo trajo de vuelta, ya estaban las luces encendidas y todos se preparaban para la guardia.

Al escuchar esas historias, me quedé sorprendido y con muchas dudas. Sin embargo todos entre risotadas y bromas les decíamos que no creíamos nada de lo que decían, que eran puros cuentos. Durante la guardia estuve pensando en esos relatos y en la posibilidad que eso ocurriera, me parecía imposible; pero algo me decía que ellos en realidad estaban diciendo la verdad. Así me la pasé hasta que llegó el relevo y regresamos al destacamento, eran las 6:50 am. Apenas estaba clareando y dejé el armamento y comencé a quitarme mi equipo para descansar; pero esa idea de la subida del muerto me inquietaba. No quise pensar más estaba cansando y me acosté con el uniforme y las botas puestas. Era común y en ese turno había que estar alertas. Apenas acomodé la cabeza en la almohada y mi cuerpo comenzó a tener un estado de relajación inusual, comenzó a pesarme, sentí que se hundía en el colchón y luego un extraño zumbido que se mezclaba con los sonidos de la mañana. Al principio me pareció placentero poder descansar así; pero luego sentí que alguien se subía al colchón de mi litera, al notar que se movía. Todos mis sentidos se alertaron al sentir eso, sentí que estaba en peligro y acostumbrado a eso abrí los ojos solo para ver que en realidad el horror que estaba frente a mí era real. Una sombra negra, una mancha obscura sobre la realidad estaba ahí, frente a mis ojos, intentando subir a mi litera. Lo único que no era negro eran un par de ojos brillantes que parecían emitir una luminiscencia roja. El pánico que sentí al ver que le faltaba alzar su otra pierna para estar totalmente encima de mi hizo que mis extremidades pesaran, no podía moverme, hablar o gritar, empecé a temblar. Mi único pensamiento era poder mover al menos un brazo para alcanzar mi bayoneta en el pecho; pero era imposible no podía moverme un solo centímetro. De alguna forma y con un esfuerzo sobre humano logré levantar un poco la cabeza pero esa cosa se acuclilló sobre mi humanidad y pegó su “rostro” sobre el mío, mirándome con ese par de ojos que reflejaban la muerte. Enseguida la pesadez regresó y mi cabeza se sumió sobre la almohada y aquello sobre mí, el ruido que emitía eran zumbidos que se hacían intensos cada que se acercaba y me miraba con detenimiento. Quise luchar, quise poder moverme; pero era imposible, no sé cuánto tiempo pasó en esa posición y a pesar de que podía ver la luz de la mañana y el sol reflejado en la pared, aquella cosa parecía no inmutarse por nada, de alguna forma empecé a luchar contra mi temor e intenté relajarme; la sensación de indefensión nublaba mi pensamiento y empecé a razonar que todo eso no era lógico o real, simplemente no debía estar pasando. Luego de tener esa idea aquello negro simplemente se fue “escurriendo” lentamente hasta desparecer de mi vista y luego de un rato sentí que la movilidad regreso a mí, me levanté enseguida y empuñé mi bayoneta con las manos temblorosas y mis ojos bien abiertos, el terror aun anidaba mi corazón y mi mente, lentamente me fui asomando por un lado de la cama para ver que aquello no estuviera ahí. Sentí alivio cuando vi que no había nada, todos los compañeros dormían y la mañana estaba soleada. Lloré, sentí una impotencia y un temor horribles que me hicieron llorar desconsolada y calladamente, mientras me acostaba de lado y aferrado a mi cuchillo, quise por un momento tener una beretta debajo de mi almohada para sentirme seguro; pero intuía que eso no serviría de nada si no podía moverme,

-¿Cómo luchar con aquello? –Pensaba.

Todo lo anterior hizo que mi cordura y mi valor se vieran mermados, sentía miedo y me sentía totalmente indefenso ante algo que no le encontraba explicación. Durante los momentos en lo que apenas podía dormir, estaba alerta y eso fue debilitando mi mente y mi espíritu, de algún modo logré controlarlo y lo dejé pasar. Afortunadamente no volvió a ocurrir ese evento y me tranquilicé. Sin embargo supe que a los demás soldados les estaba ocurriendo lo mismo.

Gradualmente todos fueron afectados por los mismos “síntomas” y por la misma presencia en diferente modo; pero con la misma sensación de terror e indefensión. Fue tal el “ataque” de este ser en la tropa, que un día se reunieron varios soldados con el comandante para platicar su experiencia y la sospecha de que algo sobrenatural o “no humano” estaba pasando en la galera. Dada su insistencia y el temor que se reflejaba en los compañeros el comandante tomó la decisión de que aquellos que quedaban de guardia en la armería, se dieran rondines a los dormitorios para revisar si algún compañero no estuviera haciendo ruidos raros o comportamientos extraños durante su sueño. La orden era despertarlo de inmediato y asistirlo en lo que necesitara. Al parecer aquella orden dio resultados, porque de tanto en tanto pasaba algo extraño, así duramos varios meses en ese lugar y sucedieron eventos inexplicables mientras duro nuestra guardia. Tanto en la refinería como en las inmediaciones era común ver y percibir cosas que salían de toda lógica y proporción, eventos “no humanos” se dieron lugar durante ese periodo y es algo que hasta la fecha me llena de inquietud. Después de mucho tiempo di mi baja en el ejército y me quedaron estas experiencias inexplicables.

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LA BRUJA XIX Relato basado en hechos reales

LA BRUJA XIX (#421 – 07/09/2017)
Relato basado en hechos reales contado por Javier Enciso
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Esta historia me ocurrió cuando tenía 17 años, en ese entonces vivía en un pueblo llamado Galeras, situado en el departamento de Sucre en Colombia. Desde niño siempre fui susceptible a experimentar cosas paranormales, intuía que había sido algún tipo de “don” heredado por generaciones. Mi abuelo fue quien me enseñó a través de historias y leyendas acerca de las muchas cosas extrañas que pudieran rodear a este fenómeno; pero me llamaba más la atención el saber de brujas y espantos que atormentaban a la gente o cosas sin explicación que de tanto en tanto ocurrían y que sabíamos por gente que conocíamos o parientes que llegaban y contaban alguna historia inverosímil acerca de eso.

Galeras era un pueblo pequeño y rural en las sabanas sucreñas, ahí predominaba la ganadería y las tradiciones se trasmitían de generación en generación. Esas tradiciones me fueron heredadas por mi abuelo, durante gran parte de mi niñez me enseñó todo lo que había que saber para identificar a una bruja y como defenderse de sus hostigamientos y maldiciones. El mencionaba que los primeros pobladores usaban varas de Ají para golpearlas y darles muerte y que para atraparlas había que mermar su fuerza a través de oraciones católicas cantadas al revés, todo aquello me parecía fascinante y aunque nunca había visto una, siempre escuchaba rumores que ciertas mujeres eran brujas dentro de la comunidad, yo no lo creía porque su aspecto era normal y tenían un buen trato con las personas. Mi abuelo decía que ese era su disfraz que nunca bajara la guardia o corría el riesgo de que me atacaran para sacrificarme. Así crecí con esas enseñanzas y advertencias. No fue hasta que cumplí los 17 que todas aquellas historias cobrarían sentido y lograrían salvarme de un destino nefasto.
En ese tiempo en que casi cumplía la mayoría de edad, asistí a una fiesta popular en el pueblo con un amigo llamado Jaime, éramos muy amigos; pero no solo eso compartíamos historias y cuentos de brujas, ya que él de igual forma había sido enseñado y preparado, nunca imaginé que en ese momento estuviera de novio con la nieta de una conocida bruja de la región y cuando me enteré no dudé en advertirle el peligro que corría y fui involucrado de la peor forma.

Esa noche ella llegó con su gesto de soberbia y haciendo alarde del control que ejercía en mi amigo. Cosa que de principio me molestaba y no dudé en jugarle una broma, cosa que no fue tomada con humor por ella, en cambio me lanzó una mirada de odio y aberración junto con una advertencia.

-No sabes con quien te metes…me las vas a pagar…

Sentí un poco de extrañeza y me reí de ella, sin saber quién era en realidad; pero al ver el rostro desencajado y temeroso de mi amigo que me veía como diciéndome que eso había sido un error de mi parte, sentí que algo no andaba bien. La fiesta continúo y mi amigo se la pasó apartado con su novia alejados de mí todo el tiempo, me di cuenta que en realidad Jaime hacia lo posible para que su novia no estuviera cerca de mí. Cosa que me pareció extraña. Al término de la fiesta me quise despedir de mi amigo; pero él se retiró rápidamente del lugar sin decir nada y tomado de la mano de su novia, al cual tenía por nombre Valkiria.

Al día siguiente, sería muy temprano cuando escuché unos toquidos insistentes en la puerta de mi casa. La abrir era Jaime con su rostro lleno de preocupación, apenas abrí la puerta y él se introdujo muy nervioso en la casa, me miró y me dijo que la noche anterior había cometido una equivocación al burlarme de su novia ya que era nieta de una bruja muy poderosa de la región conocida como Carmen “La Maluca” y que debía ser cuidadoso ya que su novia era vengativa, sin más, así como entró, salió de la casa y no lo volví a ver.

Cuando escuché la revelación, sentí una pequeña corriente recorrer mi cabeza y caí en la cuenta que había sido imprudente. Me quedé con cierto temor de que pudiera pasar algo y recordé al abuelo y sus enseñanzas así que en cierta manera estaba tranquilo; pero al llegar la noche me invadió una intranquilidad que me hizo tener insomnio y un estado de vigilia en el que a cada rato me paraba para revisar que las ventanas estuvieran bien cerradas. Yo vivía en un cuarto solo, alejado de la casa donde vivían mis padres, así que la tensión era grande y no quería importunar a mis viejos con mis dudas y temores. Así pasaron 3 semanas y poco a poco se me fue diluyendo el temor y la incertidumbre, hasta una noche de viernes.

Recuerdo haber estado durmiendo en mi habitación y tenía la luz de una lámpara encendida. Repentinamente me desperté después de tener un mal sueño y al revisar la hora eran 2:34 am. Me volví a acostar meditando en el sueño que acababa de tener el cual poco a poco se fue desvaneciendo y me acomodé para volver a dormir. Apenas estaba alcanzando el sueño cuando escucho algo inusual entre el silencio nocturno, algo hizo eco dentro de la habitación y me alerté. Me incorporé para revisar que había sido y me quedé sentado en la cama intentando escuchar algo y entonces sucedió.

El sonido de un fuerte golpe en la lámina del techo hizo eco y un estruendo que me alertó, luego note como la lámina se pandeaba por el peso de algo que comenzó a caminar haciéndola rechinar y crujir la madera de los travesaños. De inmediato quise identificar si era un animal; pero de haberlo sido hubiera sido enorme, era improbable. Las pisadas eran fuertes y eso me invadió de pánico, a mi mente llegó un pensamiento: “Vino por mi…” Lo único que hice fue ingenuamente taparme con la sábana de pies a cabeza como si aquello me fuera a proteger del peligro que seguramente rondaba fuera de mi cuarto. Recé, recé mucho y no sé cuántas oraciones aprendidas a lo largo de mi vida para protegerme de lo que fuera. No sé cuánto tiempo estuve tapado y rezando con frenesí, escuchando golpes y crujidos en el techo y de pronto se hizo el silencio, poco a poco me fui desprendiendo de mi sábana y me asomé apenas, el reloj marcaba las 3:02 am; pero a mí se me había hecho una eternidad. Con cautela esperé a escuchar algo y pareció que todo había acabado me quedé intranquilo y traté de dormir abrazando un crucifijo que me había dado mi abuelo. Nada más paso por esa noche.

Sin embargo en las noches posteriores pasó lo mismo y volvía hacer lo mismo, así duré una semana presa del miedo y con el terror que me producía que llegara la noche y tener que dormir. El punto crítico llegó una madrugada; apenas dieron las 3:00 am y me despertó un destello que provenía del exterior. Con sorpresa me asomé para ver de dónde provenía esa luz y al ver, sentí un escalofrío recorrerme completamente , en tanto mi corazón comenzó a latir fuertemente. Afuera estaban suspendidas unas luces extrañas y al verlas detenidamente pude ver que eran fuegos, unas bolas amorfas que parecían emitir algún tipo de fuego amarillo que hacia un ruido peculiar como a ramas quemarse y tronar. No pude ver cuantas eran; estaba petrificado de ver aquello y así como estaban, poco a poco se fueron haciendo hacia arriba hasta que por fin desaparecieron de mi vista. Sin comprender del todo que había sido todo eso, me quedé pasmado por un buen rato viendo a la ventana y la cerré. La noche siguiente ocurrió lo mismo, era como un hostigamiento constante que estaba mermando mi cordura y poco a poco el miedo me iba consumiendo.

Harto de esa situación recordé que mi abuelo guardaba algunas cosas para ahuyentar a las brujas y claramente lo que vi se trataba de eso, Pensaba en la amenaza de Valkiria, la novia de Jaime y su maldita abuela. De ahí provenía el acoso. Finalmente su amenaza se estaba cumpliendo, así que tenía que hacer lo necesario para poder librarme de esas maldiciones. Leyendo un poco en cuadernos viejos y revisando las cosas del abuelo de inmediato recordé algunos remedios y los llevé a cabo, todo sin que mis padres supieran. Lo primero fue fabricar una cruz con una planta de la región llamada Yuca o mandioca, la puse debajo de mi cama y otras pequeñas en puertas y ventanas. Una escoba de cabeza detrás de mi puerta y dormía con la ropa colocada al revés. De algún modo los ruidos cesaron, aunque veía las luces a lo lejos de tanto en tanto. Eso me tranquilizó un poco y las noches volvieron a ser tranquilas, aunque algo tensas. Pasaron los días y me volví a reencontrar con Jaime, para mi sorpresa había terminado con Valkiria y tenía otra novia que no conocía; pero al parecer estaban bien. Con eso pensé que había terminado el episodio de esa mujer y su abuela bruja; pero estaba equivocado.

Fue una noche de sábado que me había quedado en mi casa, luego de no ir a una fiesta, leía un libro: “100 años de soledad” y estaba tan metido en la lectura que me dieron las 2:00 am, tuve la necesidad de ir al baño y para hacerlo tenía que salir al patio y caminar algunos metros, así lo hice. Como era un gran patio había muchos árboles alrededor y 3 cocoteros que se mecían con el viento nocturno y estrellado. Al ver que el baño estaba lejos y en la penumbra, me dio un poco de temor. Así que no dudé en hacer mi necesidad en las raíces de un árbol de nísperos que había cerca de mi puerta. Sentí alivio mientras vaciaba mi vejiga y de pronto el sonido de algo que movía las ramas de la copa del árbol me alertó, al voltear vi que las ramas se movían violentamente como si algo las moviera con fuerza y de primer instancia pensé que era algún buitre; pero luego intuí que se trabaja de algún ladrón o alguien que se intentaba meter en la casa. Sin dudar tomé un palo y me armé de valor, vociferando a lo que estuviera ahí.

El valor se me acabó cuando de improviso salió volando una enorme ave negra por entre las ramas del árbol. El batir de sus alas era casi ensordecedor y de principio pensé que era un buitre por el plumaje negro; Pero luego de ver, noté con horror que se trataba. Era un guajolote de tamaño considerable. El vuelo que hacía, lo hacía con mucho esfuerzo, solo sus enormes alas parecían aguantar el peso de aquello, aun no terminaba de digerir aquello cuando el horror me pegó en el rostro al ver la cabeza de aquel animal. No era común, tenía el cuello corto lleno de verrugas abultadas y azuladas, sobre el cual cargaba una cabeza calva repleta de estas carúnculas; pero no tenía pico ni “moco” o el apéndice que sale de este animal, sino algo parecido a un rostro humano, deforme y horrible, sus ojos eran amarillentos y parecían emitir un brillo que inquietaba. Aquello era un monstruo horrible que me produjo un miedo de muerte, que hizo que me quedara petrificado. El vuelo de esa aberración llegó a la copa de unos de los cocoteros en donde se postró y me observó vigilante por un largo rato con esos ojos amarillos y de pronto un horrible graznido salió del cogote de aquella cosa, era un horripilante sonido parecido al ruido que hacen los gatos al copular, gruñidos horribles que me erizaron la piel y me llenaron de un terror absoluto, aquellos ruidos hicieron que corriera al interior de mi casa y atrancara la puerta con una cómoda y coloqué el colchón en la ventana como para impedir que aquello entrara.

Por esa noche no pude dormir y me aferré a la cruz de yuca y recé frenéticamente pidiendo perdón a Dios e implorando que me salvara de aquello. De alguna forma el cansancio me venció y desperté acostado en el piso de mi cuarto, no lo soporté más y corrí con mi abuelo a contarle lo que me había estado pasando y el evento de la noche anterior. Él vivía algo alejado por lo que me tomó casi todo el día llegar; pero al hacerlo y luego de platicar mi calvario, muy determinado me miró y me dijo sin duda que él se encargaría, que no me preocupara. Se paró de la silla y abrió la puerta de su ropero viejo de donde saco un libro viejo forrado en piel y cerrado con un broche de latón manchado por el tiempo. Antes de abrirlo me dijo que me fuera para mi casa y que todo estaría bien, que le tuviera confianza. Así lo hice y al llegar la noche me quedé asustado contando las horas, me quedé dormido y nada más paso, al igual que las noches subsecuentes, todo marchó bien, el acoso que había estado sufriendo, había pasado o al menos eso parecía, no entendí o no quise saber que había hecho mi abuelo para liberarme de aquello; pero hasta el día de hoy nunca he vuelto a saber de brujas o de apariciones de estas en donde vivo.

“Espero la publiques, no creo que sea tan buena pero lo que si te puedo asegurar es que es 100% real… Gracias por leerme”

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ACOSO Relato basado en hechos reales

ACOSO
Relato basado en hechos reales. Contado por Lucía Montelongo
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Hace algún tiempo había terminado una doble jornada de trabajo. Había llegado desde muy temprano y como la época era de mucho flujo de gente el turno se prolongó tanto que termine al cierre. Estaba muy cansada y mis pies pedían clemencia. Era una época en la que comenzaba a hacer algo de frío e imperaba el mal tiempo. Al salir para retirarme a mi casa, ya había obscurecido y comenzaba la llovizna que acrecentaba la sensación de escalofríos por todo mi cuerpo, aunado al cansancio y al hecho que no llevaba con que cubrirme bien, termine por agobiarme y sentirme aún más cansada y ansiosa por llegar a la calidez de mi hogar.

Al abrir la puerta un aroma dulce me indico que mi mamá preparaba atole y eso me relajó al imaginar el sabor dulzón y delicioso de la bebida caliente, mi papá miraba la tele y mi madre puso un jarro de atole en la mesa en tanto me decía que me sentara a tomarlo. Luego de platicar un rato me levanté de la mesa para ir a mi cuarto el cual se encontraba en la planta alta y para llegar a él, había que subir por unas escaleras exteriores que estaban pegadas a la puerta trasera que daba acceso al cuarto de mis padres. Besé a mi papa en su cabeza calva y luego me despedí de mi mamá, ella me miro con preocupación y me dijo que si no tenía miedo de dormir sola. Tan solo sonreí y subí las escaleras para meterme a mi cuarto, el cual estaba completamente helado y húmedo.

Al quitarme los zapatos, los pies me comenzaron a latir y tomé el alcohol para frotármelos. Quise tomar un baño; pero me dio frio, así que lo haría por la mañana, acomode la cabeza en la almohada para descansar un poco y no quise parame a desvestirme, tan solo jale la colcha para taparme y empecé a quedarme dormida. Apenas iba a alcanzar un sueño profundo cuando escucho que tocan la puerta de lámina en repetidas ocasiones, espantándome el sueño y poniéndome en alerta, de primer instancia pensé que era mi mamá, ella de pronto subía a mi habitación por algunas cosas; pero luego note que paso mucho rato y la puerta no se abría y aunado a eso unas voces comenzaron a escucharse como si hablaran de cosas que no lograba entender. Algo inquieta levanté la cabeza para mirar, y por el cristal de gota de la puerta pude notar que afuera había una sombra de alguien que parecía permanecer ahí sin moverse. Pensé que era mi papá por que la silueta era de un hombre; pero antes de que pudiera decir algo para que pasara, la sombra se movió rápidamente y desapareció ante mis ojos.

Me levante rápido y encendí la luz, pensando que quizá algo había sucedido con mis padres, me puse un saco y salí para ver, no vi a nadie, el aire helado me pegó en el rostro y me enfrió la nariz y los ojos. Todo estaba obscuro y solo se veía la luz encendida en el cuarto de mis padres los cuales tenían la puerta abierta. Bajé y apenas iba a media escalera cuando mi papá sale de improviso y me dice:
– ¿Que pasa hija?
–Nada pá, ¿No subieron? Tocaron la puerta y te vi afuera de la puerta
–No mija, yo apenas acabo de salir….
Sentí un miedo horrible cuando mi papá me dijo eso, que solo me di la media vuelta y antes de que pudiera llegar a mi cuarto, resonó la voz de mi mamá que me decía:
–De nuevo tienes miedo…

No lo pude evitar, no contesté nada; pero el terror me invadió, un escalofrío tremendo me recorrió la espalda y se acrecentó con la corriente helada que me dio en la cara de nueva cuenta. Temblorosa subí y me metí al cuarto tapándome de pies a cabeza. Al poco rato de nuevo sonó la puerta y mis sentidos se alertaron asustados al grado de entrar en una pequeña Desesperación. Esperando lo peor, sentí alivio cuando escuché la voz de mi mamá y entró para quedarse a dormir conmigo. Eso me confortó y pude dormir tranquila por esa noche.

Todo lo anterior ha venido sucediendo durante algunas noches y de la misma forma han sucedido cosas raras dentro de la casa, siento un acoso terrible y la sensación de ser observada es inquietante. Lo que más me causó impacto fue una ocasión en la que encontré una especie como de savia de árbol que despedía un aroma agradable que impregno la habitación y mi ropa, la savia regada por un lado de mi cama. Al investigar el origen me dijeron que era de pirul y que se utilizaba para repeler trabajos de brujería. Todo eso me asusta y quisiera que no me pasara nada, la tensión en mi casa aumenta cada vez más y no sé qué hacer, vivir sin tener explicaciones de fenómenos extraños es inquietante.

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EL PERRO – Relato basado en hechos reales

EL PERRO (#408 – 25/07/2017)
Relato basado en hechos reales, contado por Abigail Justiniano
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Fue en el verano del 2000, en el mes de Julio, tenía 17 años. Era época vacacional de invierno en Bolivia, Así que mi familia y yo emprendimos un viaje al pueblo de mis abuelos en los valles cruceños, un área rural rodeada de laderas y vegetación en los que te hundías en un ambiente de relajación agradable a los sentidos. Cada año emprendíamos el viaje para escapar del barullo de la ciudad y perdernos por unos días en aquellos lugares remotos, llenos de carencias; pero felices de poder se parte de él.

Así que salimos muy temprano; aunque más tarde de lo previsto. Cuando llegamos a la región ya estaba obscuro a pesar de ser temprano aun. Mi padre no manejaba en esas condiciones asi que decidimos pasar la noche en una de las casas de mis abuelos en la orilla de unos montes escapados y cercanos al pueblo donde ellos vivían. La casa era rústica, de madera con techo de lámina y con pocas prestaciones. Solo había una cama donde dormían mis padres, mientras que mi hermano y yo lo haríamos en el piso de madera de la vivienda. Cenamos algo de lo que ya llevábamos, en la alacena no había gran cosa y mi mamá tuvo que encender la estufa de leña para calentar algo de la comida, mientras esperamos a que llegaran mis abuelos y un par de tíos a la casa. Entre charlas y risas el cansancio nos venció, como ya era muy tarde mis familiares decidieron quedarse en la casa a dormir. Así que nos acomodamos para descansar y por la mañana emprenderíamos el camino al pueblo a la casa grande de los abuelos.

La obscuridad del lugar y los ruidos nocturnos del monte nos comenzaron a arrullar, apenas iba entrando en el sueño profundo cuando un ruido extraño inundó el ambiente. Fue un llanto, alguien se había quejado afuera en el patio de la casa, el cual era bastante amplio. Me alerté y me paré buscando entre la obscuridad el origen del sonido. No fui la única, mis papás también se alertaron y mientras mi padre miraba por la rendija de la ventana hacia el exterior. Mi mamá exclamó:

– ¿Escucharon eso?

Tanto mis abuelos, mis tíos y yo contestamos al unísono y susurrantes que si habíamos escuchado, Y nos quedamos en total silencio, luego de un rato se volvieron a escuchar los llantos; pero esta vez eran más fuertes y eran lamentos de dolor, de una mujer a la que le estaban causando algún daño. Algo raro porque no había vecinos a la cercanía, solo nosotros estábamos ahí. Cuando los lamentos se comenzaron a escuchar más cerca yo empecé a tener temor y abracé a mi abuela que estaba también tensa y helada.

Todos estábamos petrificados y no queríamos movernos, mi padre aún continuaba viendo por la ventana y mi abuela le advirtió que no espiara que quizá sería algún espectro que merodeaba en el monte intentando llamar la atención para hacernos salir de la casa, las consecuencias de hacerlo podrían ser funestas. A todos se nos espantó el sueño y no sabíamos que hacer, no queríamos movernos, ni siquiera respirar. Los lamentos se escuchaban a veces cerca y luego lejos. Haciendo más tenso el momento y la locura comenzaba a asomarse en mí, quería salir corriendo; pero ¿A dónde? Mi abuela apretaba mi mano también con algo de pánico y poco a poco el cansancio nos comenzó a vencer, quedándonos dormidos y teniendo en cuenta que los lamentos no nos harían daño; pero entonces sucedió algo horrible.

Una leve ventisca comenzó a sentirse en el exterior. Las ramas de los arboles rascaban el techo de lámina de la casa haciendo un ruido escalofriante y algunas cosas comenzaron a caerse por el viento que poco a poco comenzó a arreciar, tanto que de forma intempestiva las puertas de madera de la entrada principal se abrieron de par en par tirando la aldaba por el piso. El escándalo y nuestros gritos hicieron un caos; pero casi al instante nos quedamos todos callados y petrificados ante la obscura presencia de un perro negro que estaba afuera de la puerta. Era grande y cubierto de un pelaje negro y grueso que contrastaba con un par de ojos brillantes que parecían emitir tenues llamas que lograban iluminar un hocico provisto de amenazadores dientes. Gruñía y parecía estar ahí estático como esperando que alguien se moviera para atacarlo. Los gruñidos eran raros, parecía que lo hacían varios animales a través de ese ser infernal.

No sé cuánto tiempo pasó; pero apenas el perro movió una pata para introducirse en la casa. Los que estábamos en el piso brincamos de susto y corrimos a la cama junto a mis padres que estaban al otro extremo, mi tía que era la más arrojada, corrió a la cocina por una escoba y tratar de asustar al animal. Usando toda su adrenalina tomó firmemente el palo de la escoba y corrió dando maldiciones al animal que al verla se dio la vuelta y corrió hacia el patio y mi tía tras él. Todos le gritamos frenéticamente que no lo hiciera y aun así salió de la casa y desapareció en la obscuridad.

Pero no tardó mucho en dar un grito que alertó a mi abuela y se paró corriendo; como la tenía agarrada, no la solté y salí junto con ella, suplicándole que no lo hiciera. Corrimos unos pasos entre la oscuridad del patio y vimos a mi tía parada viendo algo y agarrando la escoba, temblaba. Cuando mi abuela se acercó a preguntarle que había pasado, con un dedo tembloroso y con la boca trabada de miedo, señaló algo y al mirar nos sorprendimos y mi abuela se persigno asustada.

Frente a nosotras había varias cruces hechas de ramas enterradas. Estaban perfectamente acomodadas en el suelo de tierra y parecía que estuvieran invertidas. Aun con la impresión de ver aquello jalamos a mi tía para que se metiera a la casa. Apenas íbamos cuando vimos que el animal corría para meterse a la casa ladrando y haciendo ruidos extraños. Corrimos con el alma en un hilo y al entrar todos estaban espantados diciéndonos que el perro se había metido debajo de la cama.

Era imposible, la cama no tenía tanto espacio abajo para que el enorme animal se metiera. Mi tía frenética comenzó a asestar escobazos por debajo del colchón y la bestia parecía gruñir y morder el palo de la escoba. Nadie quería acercarse, todos teníamos el temor de ser atacados por la horrible bestia. Después de un rato de estar luchando con el perro. Todos intentaron levantar la cama para sacarlo y darles de palos; pero antes de que pudiéramos hacerlo el animal salió de improviso volteando la cama y corriendo a la salida. Antes de que pudiera hacerlo se abalanzó sobre el abuelo y lo miró con mucha furia, haciendo sus gruñidos infernales. El viejo se paralizó y el animal corrió para salir de la casa. Al hacerlo mis tíos presurosos cerraron las puertas con un pesado baúl y acomodamos todo. Por esa noche no pudimos dormir, en el ambiente se había quedado un hedor a perro y a mierda que era insoportable. A pesar de eso no quisimos abrir las ventanas temiendo que el animal regresara. No lo hizo; pero los lamentos continuaron y se escuchaban a lo lejos haciendo más tensa la situación. Entonces algo inusual se le ocurrió a mi abuela. Ella decía que las ánimas y los entes no soportaban el hedor humano como los orines o el excremento, así que en un acto desesperado se orinó en un vaso y regó el contenido en la puerta y ventanas. Por extraño que pudiera parecer funcionó y los lamentos, además de los gruñidos fueron desapareciendo mientras avanzaba la noche.

De algún modo amanecimos dormidos. Todos estábamos espantados y más mi abuelo que quizá se llevó la peor parte al ver de cerca al perro infernal. Nuestras intenciones de quedarnos se vinieron abajo al ver las cruces enterradas en el patio y las pisadas de las patas del perro. Estábamos aterrados y llenos de un espanto tan terrible que todos enfermamos de la panza. No lo soportamos y ese mismo día regresamos a la ciudad. Nadie mencionó nada del hecho durante el trayecto, un silencio incómodo gobernó durante el regreso y al llegar a la casa. Cada quien se encerró en sus habitaciones sin la intención de salir. Poco a poco comenzamos a recuperarnos del susto, hasta que 3 días después mi tía habla y nos avisa que el abuelo había muerto de un infarto, producto de la impresión de ver tan cerca a la muerte que, finalmente se lo llevó. Al funeral solo fueron mis padres, tanto mi hermano y yo no quisimos ni por un segundo volver al valle y pasó mucho tiempo antes de que pudiéramos hacerlo.

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CANDELA – Relato basado en experiencias reales

CANDELA (#411 – 09/08/2017)
Relato basado en experiencias reales de Alejandro Carranza
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Desde hace algún tiempo soy trailero, conozco muchas rutas del norte y estoy de base en una compañía transportista de Monterrey. Actualmente manejo un Kenworth y tengo una ruta que recorre varias ciudades fronterizas, llevando y trayendo mercancía; desde Laredo, Colombia, Monclova y Monterrey. Tengo unos 30 años en este oficio y he visto muchas cosas en la carretera, muchas de las cuales son por causa de las imprudencias de la gente y otras a las que podría llamar “extrañas” o sin explicación. Siempre fui escéptico; pero en el momento en que te suceden ciertas cosas tu mentalidad cambia. Este es uno de esos sucesos que me cambiaron las ideas para siempre.

Sucedió que en uno de tantos viajes tenía que recoger una carga en Monclova y había salido de Monterrey. Sin embargo antes de eso tenía que entregar otra carga con un compañero que estaba en el poblado de Colombia en la frontera con Estados Unidos. Así lo hice, me fui con bastante tiempo de sobra y al regreso me paré a descansar en Lampazos ahí tengo familia y un hermano. Él también había sido trailero hacia algunos años. Me pido que le diera un “raite” a Monclova en donde se quedaría un fin de semana antes de entrar a trabajar en una compañía transportista. De tal suerte que no tuve mayores problemas en llevarlo.

Al emprender el viaje a Monclova serían las 7 de la noche y el sol apenas se comenzaba a ocultar. Al llegar al entronque que conduce al poblado de Candela, comenzamos a platicar acerca de la vieja estación de trenes, en donde supuestamente se aparecían fantasmas o cosas sobrenaturales. Yo escéptico tan solo me reía de los dichos de mi “carnal”, al cual noté con un rostro de preocupación e intuía que el si creía en leyendas y supersticiones. Mi mamá alguna vez me contó que el “podía ver cosas” y que comúnmente andaba espantado por eso que supuestamente veía, yo siempre me burlaba de él diciendo que hacia eso para “no marchar”, aunque a veces tenia mis dudas sobre su condición. Llegó un momento en que la conversación se comenzó a hacer más acalorada y le propuse investigar en la estación sobre esas cosas, a lo que el renuente de principio se negó; pero al ver mis burlas agarró valor y aceptó la propuesta, así lo hicimos. Al llegar a la vieja estación Candela, parqueamos por un lado de las vías del tren que aun pasaban frente a la estación y nos dispusimos a recorrer el sitio.

La noche había caído y solo se veían algunas luces en el horizonte y los sonidos del monte nos invadieron, cigarras nocturnas y algunos grillos envolvían la vieja construcción con ecos extraños. En la entrada había un gran boquete, producto de un accidente que había tenido lugar hacia tiempo en donde un compañero trailero al quedarse sin frenos se estampó en la construcción; por lo menos esa era la versión que sabíamos aunque se especulaba mucho sobre ese incidente. El sitio estaba abandonado desde hacía mucho tiempo y eso se notaba en el aspecto interior. Como no pudimos entrar por ahí, rodeamos y había una abertura por donde se podía acceder. Mi hermano estaba claramente nervioso y yo constantemente me mofaba de el por su nerviosismo, aunque confieso que en cierto momento y después entrar también me invadió un miedo extraño. La obscuridad del lugar se iluminó tenuemente con las lámparas que llevábamos y que apenas iluminaban unos metros delante de nosotros. El ambiente era raro, sofocante y hacía un calor seco, el olor a viejo y a polvo hizo que me sintiera incómodo y con ardor en la garganta. Dentro había cosas raras en el piso, había restos de carbones, huesos de animal y un sinnúmero de aves momificadas que estaban regadas por todos lados. Había un acceso a la parte superior; pero carecía de escaleras. De algún modo las habían derribado y había quedado un vestigio de las mismas grabado en la pared.

Al no encontrar nada preferimos salir, el calor agobiante nos hizo sudar y ponernos algo nerviosos, entonces sucedió algo extraño al momento de salir. Escuchamos un murmullo en el interior, ambos nos alertamos de escuchar una voz susurrante que nos decía: “Hey”. La escuchamos al mismo tiempo que salíamos y tan solo nos quedamos viendo uno al otro en tanto mi hermano se ponía pálido del miedo y yo nervioso porque no comprendía como es que habíamos escuchado ese murmullo en el interior, quise pensar que se trataba de alguien; pero no quise regresar. Rodeamos la estación para abordar el tráiler y mi hermano se adelantó en tanto orinaba en uno de los arbustos que había por ahí. Miraba las estrellas en el firmamento y veía luces a lo lejos en la llanura desértica, luces que parecían moverse erráticamente subiendo y bajando por los matorrales que se levantaban en el horizonte. Sin darle importancia me dirigí con mi hermano y
Esperaba verlo en la unidad, en cambio estaba parado en medio de las vías del ferrocarril y veía fijamente al horizonte, su cuerpo estaba en total tensión y en su rostro se reflejaba el temor.

Al voltear para ver qué era lo que veía, mi cuerpo se erizó al ver que a unos metros más adelante había una especie de bola de fuego que flotaba por en medio de la vía y que parecía estar estática, brillaba con un fuego blanquecino y naranja que le daba un aspecto inquietante, ambos no queríamos ni siquiera respirar y así como esa cosa estaba ahí frente a nuestros ojos se fue desapareciendo lentamente hasta perderla de vista. No sé cuánto tiempo estuvimos ahí parados viendo fijamente a la obscuridad; pero el primero en reaccionar fui yo, sacudí a mi hermano que estaba helado para que reaccionara y me fui para el tráiler. Entonces sucedió lo impensable.

Una ligera ventisca comenzó a mover unos pequeños árboles que crecieron junto a la estación y ese viento comenzó a arreciar un poco levantando una polvareda leve que inundó el lugar, mi hermano dio unos pasos sobre la vía y de pronto lo escuchamos: entre el sonido de la ligera ventisca pudimos oír un rechinido metálico, no era fuerte; pero si muy claro de algo que tallaba las vías y las hacia rechinar. No terminaba de impresionarme cuando vi con preocupación que mi hermano era empujado por una fuerza invisible y lo tiró violentamente por un lado de los durmientes de la vía del tren. Algo totalmente fuera de toda proporción y entonces lo comprendí, la escalofriante verdad se me presentaba ante mis ojos y haciendo pedazos mi entendimiento. Lo que veía y escuchaba era ni más ni menos que el “tren fantasma”. Esa vieja leyenda que circulaba de aquí y allá por los caminos de Candela y sus alrededores, era cierta. Lo escuché y sentí ese viento que hacia una locomotora invisible y los ruidos de las ruedas del tren haciendo rechinidos en las vías. Aquello fue muy rápido pero se me hizo una eternidad. Me quedé paralizado, aferrado al volante y mi hermano como pudo se paró y se subió doliéndose a la unidad. En cuanto lo hizo imprimí marcha y me alejé rápidamente de ahí, cruzando la vía a toda velocidad. Con el temor de que el vehículo perdiera impulso y nos quedáramos varados ahí.

Mientras iba iluminando por el camino e imprimiendo marcha, mi hermano no dijo nada, estaba en shock viendo al horizonte sin hacer ningún movimiento. De tanto en tanto podía ver esas malditas luces a lo lejos que parecían acompañarnos en todo el camino y que intuía fue, lo que vimos flotando en las vías del tren. No le hallé explicación a eso y menos al ruido metálico y a la ventisca que de pronto se dejó sentir, era imposible; pero lo habíamos experimentado. Al llegar al pequeño pueblo de Candela paré en la estación de gasolina para calmar los nervios y beber algo azucarado para el susto. Mi hermano se bajó del tráiler y se fue inmediatamente al baño en donde se quedó por un buen rato, al irlo a buscar estaba llorando y claramente perturbado por lo que habíamos pasado, le di un poco de refresco para que se calmara y nos enfilamos para Monclova.

Al llegar, era de madrugada y él se bajó en una colonia de la entrada, llegaría con unos compadres que vivían en la cercanía de la carretera. Antes de bajar me dio las gracias y comenzó a caminar con pasos lentos. El lugar estaba totalmente obscuro y con calles polvosas que hicieron que él se perdiera rápidamente en el silencio y soledad del lugar. Tristemente nunca más lo volví a ver, supe por algunos familiares que debido al susto que se llevó en la estación se enfermó de diabetes y al poco tiempo murió en un accidente de carretera. Yo en lo particular cambié mi manera de ver las cosas después de ese hecho extraño, puedo asegurar que Estación Candela guarda cosas y a sus alrededores suceden fenómenos extraños que no tienen explicación. Las pocas veces que he vuelto a pasar por ahí ha sido de día y jamás de noche. Y el lugar permanece ahí, su fachada no refleja el paso del tiempo y sigue envuelto en un halo de misterio que quisiera no develar en lo futuro. Sobre el tren fantasma puedo también afirmar que vi y escuche algo extraño. Si alguna vez visitan este lugar pongan atención quizá, puedan escuchar el sonido de los frenos de una bestia metálica rechinar en las vías indicando que en otro tiempo hacía su aparición en aquellos lugares, con penetrantes aullidos y temblores de tierra que estremecía casas y personas.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional /Registrado en Safe Creative / protected by DMCA / Derechos de contenido reservados – Eduardo Liñán © 2017.

DESPEDIDA – Relato basado en experiencias reales

DESPEDIDA (#412 – 09/08/2017)
Relato basado en experiencias reales de: Lizeth L. Olveran
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Me desempeño como médico general en una clínica de la Ciudad de México, y he visto un sinnúmero de situaciones tristes, milagrosas y hasta extrañas en las que la razón no les haya explicación. Hace tiempo cuando realizaba mi servicio social en uno de tantos hospitales generales. Conocí a un joven médico que al igual que yo realizaba sus prácticas en el mismo lugar. De trato amable y de sobrado interés por el servicio, de tal suerte que mantuve una estrecha y sincera amistad con él. Nuestros lazos comenzaron cuando estuve en el área de urgencias y posteriormente fui reasignada a otra área del hospital sin embargo continuamos viéndonos, aunque con poca frecuencia por nuestros turnos.

Fue hasta que un día que firmaba un pase de salida con la médico responsable del área donde estaba que sentí una rara sensación que no había sentido desde hace mucho, era una opresión un presentimiento de algo malo; pero obvio no sabía que, aquello solo podía significar que alguien cercano iba a morir o enfermar y así fue. Apenas terminé de sentarme en una silla para mitigar la abrumadora sensación cuando una médico compañera de él entra en la oficina con una mala noticia. Mi amigo había sufrido un serio problema cerebral y se encontraba grave, de tal manera que lo internarían en el área donde estaba de turno y que estaría a cargo de la doctora que me firmaba el pase. Así de incierto era el destino y eso me produjo una opresión en el pecho que me hizo estremecer de tristeza, recuerdo que era un fin de año.

La triste tarea de revisarlo me tocó a mí, estaba en observación con sus ojos cerrados y hacia ruidos con su boca intentando decir algo, sus movimientos eran torpes y no reconocía a nadie, el atenderlo era una tortura para mí, sentía que me iba a derrumbar y más porque en su condición no mejoraba, el diagnostico era desalentador, su cerebro tenía un daño progresivo e irreversible. Al paso de dos agobiantes semanas un 31 de diciembre que llegaba a mi turno me informaron que mi amigo no lo había logrado y finalmente murió. Algo en mí se quebró, estaba abrumada y aguante el llanto lo más que pude durante todo el turno. Al salir lo primero que hice fue comprarle unas flores y llevárselas a donde lo estarían velando para darle el último adiós.
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Al llegar a la funeraria serian como las 2 pm y extrañamente no había nadie en las capillas velatorios. El lugar era muy lujoso con muchas prestaciones para los dolientes. El estar en las salas era muy confortable y silencioso. Al estar frente a la sala donde estaba su ataúd no evite sentir el aire helado que salía del clima y sentí que me empequeñecía al verlo ahí. Me fui acercando poco a poco y mientras caminaba una rara sensación me invadió de nuevo, no quería verlo tendido; pero sería la última vez que lo podría hacer. Decidí dejar las flores por un lado en un florero vacío, era extraño pero no había ninguna corona o arreglo como era lo habitual. Escribí una nota de despedida en un libro que había ahí para tal fin, mientras lo hacía, un duro sentimiento de perdido hizo que me sentara en uno de esos cómodos sillones y lloré mi duelo.

Tenía mis manos en el rostro y pensaba en el momento que conocí a mi amigo, recordaba y de pronto esa visión fue interrumpida por un crujir muy fuerte, fue el sonido de algo romperse que me alertó y al levantar la mirada no vi nada que se haya caído o roto. Me quedé en silencio y una vez más escuche el crujido, entonces para mi sorpresa me di cuenta que el ruido venia del interior del ataúd, aun no terminaba de digerir la impresión cuando escucho de nuevo el ruido; pero esta vez noté que la tapa del féretro se movía como si algo en el interior tratara de salir, eso hizo que me pusiera de pie alertada. Era imposible, eran mis nervios; caminé lentamente hacia el ataúd para cerciorarme y antes de que pudiera asomarme, escuche otro ruido atrás de mí. Al voltear vi que todo estaba apagado, la cocineta donde estaba una cafetera humeando, un par de baños cuyas luces permanecían apagadas, al principio pensé que alguien había llegado; pero solo se escuchaban murmullos en el exterior, estaba sola. Sentí un frío que me incomodó; la sala climatizada parecía un congelador y no podía subirle, así que me abrigué con mi saco y volví al sillón.

Al darme la media vuelta, me quede paralizada, sentí por un momento que mis piernas no me respondían y que de un momento a otro iba a caer ahí desmayada, mi corazón comenzó a latir fuertemente y sentí que se me salía del pecho. Frente a mi parado a un lado del ataúd se encontraba él, mi querido amigo muerto permanecía estático, rodeado de una especie de vapor blanco que parecía envolverlo como una vestimenta etérea que llegaba hasta el piso, su rostro era totalmente pálido como si el color en él hubiera desaparecido y fuera un punto gris sobre la realidad, sus enormes ojeras contrastaban con un par de ojos grises que se hundían en las cuencas de su cabeza. Y lo peor era ese semblante de tristeza y desorientación con el que me miraba fijamente, esa sensación me invadió y sentí que quería llorar y gritar; pero no de horror sino de aflicción.

El tiempo se detuvo para mí, no sé cuánto tiempo estuve mirando aquella visión fantasmal y mi cuerpo estaba pasmado sentí deseos de desmayarme, tirarme al piso o salir corriendo todo al mismo tiempo, tenía un conflicto interior al tratar de controlar mi terror, la impresión y la ansiedad de no saber qué hacer. Pasaron unos minutos y unas voces a mis espaldas hicieron que reaccionara de inmediato y volteara a ver de donde provenían. Sentí una breve sensación de alivio cuando vi entrar a varias personas a la sala al parecer familiares, al volver a ver al ataúd, el ánima de mi amigo había desaparecido. Luego de dar el pésame a los familiares, poco a poco se fue llenando el recinto de personas, estuve unas 2 horas en el lugar hasta que me marché a mi casa. Fue el peor fin de año de mi vida, estuve de guardia en el hospital y al salir quería descansar, eran las 2:30 am y apenas entré en mi habitación de nuevo me invadió esa sensación de intranquilidad y mi mente rememoro lo que había acontecido en la funeraria y desperté, en medio de la obscuridad y en el frío tremendo de mi cuarto.

Y de nuevo estaba parado frente a mi cama, observándome con el mismo gesto de desconsuelo. Estático y con la misma vestimenta etérea el borrón de la realidad que emanaba de él no me causó tanta impresión como la primera vez, solamente se presentaba y con la misma desaparecía, así estuve como por 3 meses, sintiendo su presencia y a veces presentándose ante mí, en el hospital no había diferencia, a veces lo podía ver caminar entre los pasillos, apresurado, como si en realidad estuviera vivo e hiciera lo que cotidianamente hacía; revisar sus pendientes y atender enfermos. A veces notaba que se paraba atrás de mi o de los médicos encargados como si en realidad estuviera atento de los procedimientos.

Todo lo anterior estaba volviéndome huraña e intranquila, siempre tuve una condición para ver o escuchar cosas; pero jamás ver literalmente el ánima de una persona materializarse como lo hacía mi amigo muerto. Era agobiante verlo a casi todas horas y en cualquier sitio. Desesperada y sin saber que hacer pedí ayuda para ayudarle a descansar en paz. Unas personas que se dedicaban a estas cuestiones me dijeron que lo primero que debía hacer era aceptar su muerte y le dejara de llorar, era cierto lo hacía casi a diario como llamándolo y deseando que estuviera conmigo. Después durante la noche encendí una veladora blanca e hice una pequeña oración en la que me despedí de él y le dije que necesitaba que descansara en paz, que de verdad me dolía su partida y le prometí que lo recordaría por siempre y que lo llevaría en mi corazón. Esa misma madrugada de nuevo lo volví a ver, parado frente a mi cama, silenciosamente y luego de un rato de verlo, me di cuenta en que su rostro no había ese gesto de angustia, en cambio se veía tranquilo. Luego de unos segundos se desvaneció ante mis ojos. Nunca más lo volví a ver en mi habitación o en el hospital y siempre lo recuerdo con mucho amor y nostalgia.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional /Registrado en Safe Creative / protected by DMCA / Derechos de contenido reservados – Eduardo Liñán © 2017.

ESPIRITUS Relato basado en sucesos reales

ESPIRITUS (#415 – 15/08/2017)
Relato basado en sucesos reales contado por: Perla Alcántara
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán.

Hace algún tiempo vivía con mi madre, siempre ha sido enfermera y en aquel tiempo trabajaba en el IMSS. Ella es “sensible” para ver y escuchar cosas raras donde no había presencia de personas. Para ella “la subida del muerto” era algo que le sucedía con mucha frecuencia y la mayor parte del tiempo se le manifestaban personas y conocidos que ya habían muerto por medio de sueños, para darle mensajes o presentarse ante ella de manera inesperada. Se embarazó de mi muy joven y nunca conocí a mi papá, al cumplir 16, nace mi hermano y nos vamos a vivir a un departamento que formaba parte de una casa grande acondicionada para rentar varios cuartos dentro de la misma propiedad.

Desde que llegamos ahí, sucedían cosas extrañas, eran ruidos raros, crujir de paredes y a veces voces susurrantes que se podían escuchar detrás delas puertas o en los pasillos obscuros al caer la noche. Lo más inquietante para mi eran los ruidos que se escuchaban a tempranas horas, en el techo de la casa parecía que alguien caminaba con pasos pesados y tacones masculinos, todo eso ocurría en el techo de mi habitación y apenas me daba cuenta los pasos parecían apresurarse y correr para el lado contrario. De la misma forma me despertaba el ruido de monedas o canicas correr por el piso. Lo más increíble era que la parte de arriba de la casa era una obra en construcción a la cual solo se tenía acceso por la parte de nuestro patio. Además de estar en total abandono, al principio pensaba que era un hombre el que subía pero luego de espiar y estar atenta a quien subía o bajaba me daba cuenta que en realidad los ruidos los hacía algo que merodeaba en el techo.

Con el tiempo hicimos amistad con los vecinos que Vivian en el departamento debajo del nuestro. Y luego surgió en una plática que a ellos también les pasaban cosas extrañas, La señora algo perturbada nos contó que en varias ocasiones había visto la sombra de un hombre con sombrero entrar al cuarto de sus hijas y desaparecía ahí, que de igual forma les aventaban objetos o estos mismos salían volado por el departamento empujados o arrojados por fuerzas invisibles. Causándoles impacto y terror; pero con el tiempo se acostumbraron por no tener a donde irse a vivir de la misma forma que nosotras y mi hermano. Al paso de los meses mi hermano empezó a caminar y el acostumbraba meterse a mi armario con sus juguetes y permanecía por horas encerrado en ese lugar, eso no era extraño, lo que era inquietante es que muchas veces lo escuchábamos platicar con alguien en el interior obscuro de ese closet y al abrir las puertas nos dábamos cuenta que no había nadie, solo la carita curiosa del niño al vernos asustadas. En este punto nos percatamos que los habituales ruidos y manifestaciones no eran tan aterradoras como el hecho de pensar que a mi hermano algo lo acosaba y solo a él.

Muchas delas cosas raras que pasaban le sucedían estando el solo y yo me pude dar cuenta de muchas al espiarlo de cerca. Lo que acabó por perturbarme fue una ocasión en que regresaba del super y llevaba a mi hermano en su carriola de tijera. Subí al departamento a dejar unas bolsas en tanto él se quedaba jugando en el patio, como me encontré a la vecina del departamento de abajo le pedí que lo cuidara y así lo hizo. Al bajar de nuevo entable una conversación con ella y de pronto algo nos llamó la atención. Vimos con detenimiento que mi hermano jugaba con su carriola dando vueltas por el patio, gritando alegremente y tratando de alcanzarla. El horror llegó a nosotras cuando nos dimos cuenta de un detalle: La carriola avanzaba sola sin que mi hermano la tocara. Casi al mismo tiempo gritamos el nombre de mi hermano y este al voltear a vernos con un rostro curioso, de la misma forma el objeto paró su loca carrera. Sin comprender que sucedía tan solo me subí con él al departamento y me encerré con el completamente desconcertada y asustada.

Como mi mamá trabajaba en las mañanas en el hospital, nos encargaba con la vecina y para evitar despertar al bebé temprano, compró un monitor que tenía 2 radios, para que a través de estos se diera cuenta cuando el niño despertaba, todo marchaba de acuerdo al plan. Sin embargo una tarde que llegué de la escuela, pasé a comer con la vecina y de pronto mientras tomaba una sopa escuché como el radio comenzó a hacer ruidos como de estática y luego alcancé a escuchar unas voces. Pensando que se había despertado mi hermano de su siesta vespertina, me paré para escuchar mejor y me coloqué el aparato en la oreja. Luego de un rato sentí una corriente eléctrica recorrer mi espalda cuando escucho la voz de un niño ya grande que hablaba con claridad y me decía algo que no comprendí. Sintiendo un terror absoluto, me aferró al aparato y salgo corriendo del departamento al mío para ver a mi hermano, pensando lo peor. Entre a su habitación y él estaba dormido plácidamente, lo tomé de su cuna y me bajé con él a la casa de la vecina y temblaba de miedo sin querer decir nada.

Pasó el tiempo y cuando el cumplió 3 años yo quedé embarazada, era época de vacaciones y estaba a punto de dar a luz por las mismas fechas. Yo dormía en el cuarto de mi mamá y mi hermano tenía su camita también en la habitación. Cierta madrugada un ruidito me despertó y entre la obscuridad vi que se levantó como lo hacía cada noche para irse a dormir entre nosotras. Y de la misma forma rodeaba la cama para subirse. Al verlo, lo que hacía era hacerme a la orilla para se metiera entre mi mamá y yo. Aun estaba entre dormida y despierta y sentí que pasó mucho rato al no sentir que no se subía a la cama, levanto la cabeza y lo busco entre la obscuridad, al ver que estaba paradito al pie de la cama le digo que se acueste con nosotras y en eso escucho un ruido que provenía de su cama y al mirar veo que mi hermano sigue dormido y haciendo ronquidos infantiles, sentí que la sangre se me helaba y no quería voltear a ver qué era lo que estaba al pie de la cama y tan solo me acomodé en la almohada y comencé a temblar, al poco rato me quedé dormida.

Al día siguiente le conté la experiencia a mi mamá y ella muy calmada me dijo que en efecto un niño andaba por ahí y que se le aprecio entre sueños diciéndole su nombre, que estaba por irse y que había pasado por la casa, sin ninguna intención. Entonces recordé que a ella la siguen mucho los muertos y casi siempre me contaba acerca de sus experiencias en los pasillos del hospital, ella percibía que no todas las personas que andaba ahí estaban vivas y además de eso podía ver algo aún más siniestro y era un espíritu vaporoso que rondaba en varias áreas del hospital, no era como las otras almas, esta en cambio era de un vapor negro y que casi siempre la veía en los lugares donde la gente habitualmente dejaba de existir, no quería especular; pero estaba segura que era la muerte la que andaba por ahí. “No todos los fantasmas son buenos” siempre decía cuando llegaba asustada o cansada de que la tocaran o le hablaran todo el tiempo y siendo enfermera aquello tan solo de pensarlo era una locura porque estaba expuesta a toda clase de ánimas que intentaban entrar en contacto con ella. De tal manera que todas esas cosas con las que ella convivía de tanto en tanto la seguían hasta la casa y con la misma se iban tras ella. No había otra explicación para lo que nos sucedía en el departamento. Hace dos años que nos salimos de ahí, yo me fui a vivir con mi abuela y con ello las manifestaciones desaparecieron en mi vida y ella está por casarse e iniciar una nueva vida. Al platicar con ella me ha dicho que ya no la molestan; pero aun percibe en menor medida a las personas que mueren en el hospital. Por alguna extraña razón intuyo que eso no es verdad.

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