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LA BRUJA XIX Relato basado en hechos reales

LA BRUJA XIX (#421 – 07/09/2017)
Relato basado en hechos reales contado por Javier Enciso
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Esta historia me ocurrió cuando tenía 17 años, en ese entonces vivía en un pueblo llamado Galeras, situado en el departamento de Sucre en Colombia. Desde niño siempre fui susceptible a experimentar cosas paranormales, intuía que había sido algún tipo de “don” heredado por generaciones. Mi abuelo fue quien me enseñó a través de historias y leyendas acerca de las muchas cosas extrañas que pudieran rodear a este fenómeno; pero me llamaba más la atención el saber de brujas y espantos que atormentaban a la gente o cosas sin explicación que de tanto en tanto ocurrían y que sabíamos por gente que conocíamos o parientes que llegaban y contaban alguna historia inverosímil acerca de eso.

Galeras era un pueblo pequeño y rural en las sabanas sucreñas, ahí predominaba la ganadería y las tradiciones se trasmitían de generación en generación. Esas tradiciones me fueron heredadas por mi abuelo, durante gran parte de mi niñez me enseñó todo lo que había que saber para identificar a una bruja y como defenderse de sus hostigamientos y maldiciones. El mencionaba que los primeros pobladores usaban varas de Ají para golpearlas y darles muerte y que para atraparlas había que mermar su fuerza a través de oraciones católicas cantadas al revés, todo aquello me parecía fascinante y aunque nunca había visto una, siempre escuchaba rumores que ciertas mujeres eran brujas dentro de la comunidad, yo no lo creía porque su aspecto era normal y tenían un buen trato con las personas. Mi abuelo decía que ese era su disfraz que nunca bajara la guardia o corría el riesgo de que me atacaran para sacrificarme. Así crecí con esas enseñanzas y advertencias. No fue hasta que cumplí los 17 que todas aquellas historias cobrarían sentido y lograrían salvarme de un destino nefasto.
En ese tiempo en que casi cumplía la mayoría de edad, asistí a una fiesta popular en el pueblo con un amigo llamado Jaime, éramos muy amigos; pero no solo eso compartíamos historias y cuentos de brujas, ya que él de igual forma había sido enseñado y preparado, nunca imaginé que en ese momento estuviera de novio con la nieta de una conocida bruja de la región y cuando me enteré no dudé en advertirle el peligro que corría y fui involucrado de la peor forma.

Esa noche ella llegó con su gesto de soberbia y haciendo alarde del control que ejercía en mi amigo. Cosa que de principio me molestaba y no dudé en jugarle una broma, cosa que no fue tomada con humor por ella, en cambio me lanzó una mirada de odio y aberración junto con una advertencia.

-No sabes con quien te metes…me las vas a pagar…

Sentí un poco de extrañeza y me reí de ella, sin saber quién era en realidad; pero al ver el rostro desencajado y temeroso de mi amigo que me veía como diciéndome que eso había sido un error de mi parte, sentí que algo no andaba bien. La fiesta continúo y mi amigo se la pasó apartado con su novia alejados de mí todo el tiempo, me di cuenta que en realidad Jaime hacia lo posible para que su novia no estuviera cerca de mí. Cosa que me pareció extraña. Al término de la fiesta me quise despedir de mi amigo; pero él se retiró rápidamente del lugar sin decir nada y tomado de la mano de su novia, al cual tenía por nombre Valkiria.

Al día siguiente, sería muy temprano cuando escuché unos toquidos insistentes en la puerta de mi casa. La abrir era Jaime con su rostro lleno de preocupación, apenas abrí la puerta y él se introdujo muy nervioso en la casa, me miró y me dijo que la noche anterior había cometido una equivocación al burlarme de su novia ya que era nieta de una bruja muy poderosa de la región conocida como Carmen “La Maluca” y que debía ser cuidadoso ya que su novia era vengativa, sin más, así como entró, salió de la casa y no lo volví a ver.

Cuando escuché la revelación, sentí una pequeña corriente recorrer mi cabeza y caí en la cuenta que había sido imprudente. Me quedé con cierto temor de que pudiera pasar algo y recordé al abuelo y sus enseñanzas así que en cierta manera estaba tranquilo; pero al llegar la noche me invadió una intranquilidad que me hizo tener insomnio y un estado de vigilia en el que a cada rato me paraba para revisar que las ventanas estuvieran bien cerradas. Yo vivía en un cuarto solo, alejado de la casa donde vivían mis padres, así que la tensión era grande y no quería importunar a mis viejos con mis dudas y temores. Así pasaron 3 semanas y poco a poco se me fue diluyendo el temor y la incertidumbre, hasta una noche de viernes.

Recuerdo haber estado durmiendo en mi habitación y tenía la luz de una lámpara encendida. Repentinamente me desperté después de tener un mal sueño y al revisar la hora eran 2:34 am. Me volví a acostar meditando en el sueño que acababa de tener el cual poco a poco se fue desvaneciendo y me acomodé para volver a dormir. Apenas estaba alcanzando el sueño cuando escucho algo inusual entre el silencio nocturno, algo hizo eco dentro de la habitación y me alerté. Me incorporé para revisar que había sido y me quedé sentado en la cama intentando escuchar algo y entonces sucedió.

El sonido de un fuerte golpe en la lámina del techo hizo eco y un estruendo que me alertó, luego note como la lámina se pandeaba por el peso de algo que comenzó a caminar haciéndola rechinar y crujir la madera de los travesaños. De inmediato quise identificar si era un animal; pero de haberlo sido hubiera sido enorme, era improbable. Las pisadas eran fuertes y eso me invadió de pánico, a mi mente llegó un pensamiento: “Vino por mi…” Lo único que hice fue ingenuamente taparme con la sábana de pies a cabeza como si aquello me fuera a proteger del peligro que seguramente rondaba fuera de mi cuarto. Recé, recé mucho y no sé cuántas oraciones aprendidas a lo largo de mi vida para protegerme de lo que fuera. No sé cuánto tiempo estuve tapado y rezando con frenesí, escuchando golpes y crujidos en el techo y de pronto se hizo el silencio, poco a poco me fui desprendiendo de mi sábana y me asomé apenas, el reloj marcaba las 3:02 am; pero a mí se me había hecho una eternidad. Con cautela esperé a escuchar algo y pareció que todo había acabado me quedé intranquilo y traté de dormir abrazando un crucifijo que me había dado mi abuelo. Nada más paso por esa noche.

Sin embargo en las noches posteriores pasó lo mismo y volvía hacer lo mismo, así duré una semana presa del miedo y con el terror que me producía que llegara la noche y tener que dormir. El punto crítico llegó una madrugada; apenas dieron las 3:00 am y me despertó un destello que provenía del exterior. Con sorpresa me asomé para ver de dónde provenía esa luz y al ver, sentí un escalofrío recorrerme completamente , en tanto mi corazón comenzó a latir fuertemente. Afuera estaban suspendidas unas luces extrañas y al verlas detenidamente pude ver que eran fuegos, unas bolas amorfas que parecían emitir algún tipo de fuego amarillo que hacia un ruido peculiar como a ramas quemarse y tronar. No pude ver cuantas eran; estaba petrificado de ver aquello y así como estaban, poco a poco se fueron haciendo hacia arriba hasta que por fin desaparecieron de mi vista. Sin comprender del todo que había sido todo eso, me quedé pasmado por un buen rato viendo a la ventana y la cerré. La noche siguiente ocurrió lo mismo, era como un hostigamiento constante que estaba mermando mi cordura y poco a poco el miedo me iba consumiendo.

Harto de esa situación recordé que mi abuelo guardaba algunas cosas para ahuyentar a las brujas y claramente lo que vi se trataba de eso, Pensaba en la amenaza de Valkiria, la novia de Jaime y su maldita abuela. De ahí provenía el acoso. Finalmente su amenaza se estaba cumpliendo, así que tenía que hacer lo necesario para poder librarme de esas maldiciones. Leyendo un poco en cuadernos viejos y revisando las cosas del abuelo de inmediato recordé algunos remedios y los llevé a cabo, todo sin que mis padres supieran. Lo primero fue fabricar una cruz con una planta de la región llamada Yuca o mandioca, la puse debajo de mi cama y otras pequeñas en puertas y ventanas. Una escoba de cabeza detrás de mi puerta y dormía con la ropa colocada al revés. De algún modo los ruidos cesaron, aunque veía las luces a lo lejos de tanto en tanto. Eso me tranquilizó un poco y las noches volvieron a ser tranquilas, aunque algo tensas. Pasaron los días y me volví a reencontrar con Jaime, para mi sorpresa había terminado con Valkiria y tenía otra novia que no conocía; pero al parecer estaban bien. Con eso pensé que había terminado el episodio de esa mujer y su abuela bruja; pero estaba equivocado.

Fue una noche de sábado que me había quedado en mi casa, luego de no ir a una fiesta, leía un libro: “100 años de soledad” y estaba tan metido en la lectura que me dieron las 2:00 am, tuve la necesidad de ir al baño y para hacerlo tenía que salir al patio y caminar algunos metros, así lo hice. Como era un gran patio había muchos árboles alrededor y 3 cocoteros que se mecían con el viento nocturno y estrellado. Al ver que el baño estaba lejos y en la penumbra, me dio un poco de temor. Así que no dudé en hacer mi necesidad en las raíces de un árbol de nísperos que había cerca de mi puerta. Sentí alivio mientras vaciaba mi vejiga y de pronto el sonido de algo que movía las ramas de la copa del árbol me alertó, al voltear vi que las ramas se movían violentamente como si algo las moviera con fuerza y de primer instancia pensé que era algún buitre; pero luego intuí que se trabaja de algún ladrón o alguien que se intentaba meter en la casa. Sin dudar tomé un palo y me armé de valor, vociferando a lo que estuviera ahí.

El valor se me acabó cuando de improviso salió volando una enorme ave negra por entre las ramas del árbol. El batir de sus alas era casi ensordecedor y de principio pensé que era un buitre por el plumaje negro; Pero luego de ver, noté con horror que se trataba. Era un guajolote de tamaño considerable. El vuelo que hacía, lo hacía con mucho esfuerzo, solo sus enormes alas parecían aguantar el peso de aquello, aun no terminaba de digerir aquello cuando el horror me pegó en el rostro al ver la cabeza de aquel animal. No era común, tenía el cuello corto lleno de verrugas abultadas y azuladas, sobre el cual cargaba una cabeza calva repleta de estas carúnculas; pero no tenía pico ni “moco” o el apéndice que sale de este animal, sino algo parecido a un rostro humano, deforme y horrible, sus ojos eran amarillentos y parecían emitir un brillo que inquietaba. Aquello era un monstruo horrible que me produjo un miedo de muerte, que hizo que me quedara petrificado. El vuelo de esa aberración llegó a la copa de unos de los cocoteros en donde se postró y me observó vigilante por un largo rato con esos ojos amarillos y de pronto un horrible graznido salió del cogote de aquella cosa, era un horripilante sonido parecido al ruido que hacen los gatos al copular, gruñidos horribles que me erizaron la piel y me llenaron de un terror absoluto, aquellos ruidos hicieron que corriera al interior de mi casa y atrancara la puerta con una cómoda y coloqué el colchón en la ventana como para impedir que aquello entrara.

Por esa noche no pude dormir y me aferré a la cruz de yuca y recé frenéticamente pidiendo perdón a Dios e implorando que me salvara de aquello. De alguna forma el cansancio me venció y desperté acostado en el piso de mi cuarto, no lo soporté más y corrí con mi abuelo a contarle lo que me había estado pasando y el evento de la noche anterior. Él vivía algo alejado por lo que me tomó casi todo el día llegar; pero al hacerlo y luego de platicar mi calvario, muy determinado me miró y me dijo sin duda que él se encargaría, que no me preocupara. Se paró de la silla y abrió la puerta de su ropero viejo de donde saco un libro viejo forrado en piel y cerrado con un broche de latón manchado por el tiempo. Antes de abrirlo me dijo que me fuera para mi casa y que todo estaría bien, que le tuviera confianza. Así lo hice y al llegar la noche me quedé asustado contando las horas, me quedé dormido y nada más paso, al igual que las noches subsecuentes, todo marchó bien, el acoso que había estado sufriendo, había pasado o al menos eso parecía, no entendí o no quise saber que había hecho mi abuelo para liberarme de aquello; pero hasta el día de hoy nunca he vuelto a saber de brujas o de apariciones de estas en donde vivo.

“Espero la publiques, no creo que sea tan buena pero lo que si te puedo asegurar es que es 100% real… Gracias por leerme”

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional /Registrado en Safe Creative / protected by DMCA / Derechos de contenido reservados – Eduardo Liñán © 2017.

LOS DEUDOS Relato basado en sucesos reales

RELATOS POST MORTEM.
LOS DEUDOS (BEREAVED) 22/06/2017
Relato basado en sucesos reales, contado por: Wyatt Jacobson.
Traducido, escrito y adaptado por Eduardo Liñán.

Hace algún tiempo me mudé a un pequeño pueblo llamado Jackson en Georgia, USA. Me habían transferido y comencé a trabajar en una prisión estatal donde conocí a Audrey Grayson, una joven mujer que se desempeñaba como médico legista dentro de la penitenciaria. Con el tiempo comenzamos a salir y supe que además de trabajar en la prisión ayudaba a su familia en una casa funeraria en las inmediaciones del pueblo. Apoyaba a su padre y sus hermanos en la funeraria y el embalsamamiento de cadáveres, su función principal era preparar a los muertos sacando y metiendo fluidos en sus cuerpos, además de darles una mejor presentación para el servicio funerario. En Estados Unidos es común que las casas funerarias tengan su propia sala de tanatopraxia en los sótanos, además de los servicios funerarios que se podían dar dentro de la misma, como valor agregado.

La funeraria era de la familia y habían sido por generaciones tanatopraxistas, haciendo lo mismo en diferentes sitios; pero en Jackson ellos eran los principales proveedores de funerales en donde toda la familia estaba involucrada. Además de sus padres, en esa casa vivían su hermano Daniel y su hermana Amanda con sus hijos Jake y Melissa, de 7 y 6 años. El esposo de Amanda se había ido al servicio a Iraq y estaban de paso en la casa, aunque vivían al otro lado del pueblo en Flovilla. Con el tiempo me fui acostumbrado a sus pláticas sobre los muertos y sus peculiares “costumbres post mortem” al estar en la plancha de preparación, eran muy tenebroso; pero a la vez fascinante.

Fue una tarde de sábado que salimos a dar un paseo al centro del pueblo y caminábamos por el boulevard cuando Audrey recibió una llamada extraña. Debía ir a la funeraria ya que había un servicio urgente. Había sucedido un accidente por la tarde y los familiares del fallecido querían hacer el funeral cuanto antes. La familia y en especial el padre de ella, quien hacia las prácticas con los difuntos, no se encontraban en el pueblo; habían salido a una feria local en el pueblo vecino de Griffin. De tal suerte que no se podía negar a hacer el servicio. Ella me invitó a acompañarla mientras hacia la preparación del cadáver y yo como no tenía nada mejor que hacer decidí irme con ella.

Al llegar a la casa me impresionó el estilo victoriano de la misma, era una casa de madera muy antigua de principios del siglo XX, que le daba un aspecto más lúgubre a la situación. Entramos a la casa y en el interior había varias sillas elegantes dispuestas para los dolientes y un ataúd vacío en donde estaba recargado un tripié donde comúnmente ponían el retrato del difunto, todo aquello me dejó un sentimiento de nostalgia e inquietud. Las instalaciones en general eran dignas de una funeraria: lujosas, con pisos pulidos y lleno de flores que eran cambiadas en cada servicio. Detrás de la sala velatorio había un pasillo largo que conducía a unas escaleras que daban acceso al sótano, donde había otro largo y obscuro pasillo en donde al final estaba la sala de tanatopraxia. Las puertas de la sala de preparación eran de madera perfectamente barnizadas que se abrían y cerraban haciendo un rechinido.

Mi primera impresión al ver la sala fue de mucha intranquilidad; estaba obscuro y apenas una lámpara iluminaba el cuarto. Era bastante espeluznante ver la mesa de trabajo de acero inoxidable y al fondo unas gavetas empotradas en la pared donde guardaban los cuerpos para conservarlos. Inmediatamente que entrabas sentías el frio de la muerte y lo más perturbador era el olor; una pestilente nube de formaldehido te invadía las narices. Todo estaba en orden, limpio y dispuesto para trabajar con los muertos. Audrey encendió las luces y se iluminó todo el recinto, mientras se colocaba una bata, sonó un timbre indicando que había llegado una ambulancia con los restos de alguien y ella procedió a recibirlos.

Yo me quedé en una pequeña oficina fuera del cuarto, había una laptop y una cafetera. Encendí ambas y me senté a esperar en tanto ella recibía el cadáver y hacia su trabajo. Escuchaba el abrir y cerrar de las puertas en todo momento en tanto los servicios médicos dejaban el cadáver y mi novia hacía lo propio al prepararlo para presentarlo lo mejor posible en el servicio funerario que se llevaría muy temprano el domingo. Mientras sucedía esto Audrey me visitó un par de veces durante la noche para que estuviera cómodo.

Serían las 2 am cuando el ruido de un auto y después el abrir de puertas me alertó, al ser pisos de madera se escucharon pisadas y niños correr en la parte superior. Audrey salió de la sala y me comentó que sus padres y su hermana habían regresado, por lo que se fue a recibirlos y darles los detalles del servicio urgente. Me quedé solo en la oficina en total silencio, solo el siseo del abanico del aire acondicionado se podía escuchar, veía las noticias de los deportes en la laptop y luego de un largo rato escuché el rechinido de las puertas de vaivén de la sala de preparación. Pensando que había sido Audrey la que había regresado, me quedé en silencio, mismo fue roto por los murmullos infantiles de niños que parecía abrir y cerrar las puertas. Me levanté de la silla y me asomé al pasillo y en efecto, estaban un par de niños jugando a abrir y cerrar las puertas de la sala con sus pies. La niña era rubia con un vestido de olanes azul y una gran cinta blanca en el cabello el azul de sus ojos me recordó a Audrey y de inmediato imaginé que era su sobrina, el otro niño era más bien blanco de piel, muy pálido; cabello negro y lacio con un corte como de príncipe valiente y parecía estar todo mojado de su ropa. Afuera una lluvia caía así que pensé que era el otro sobrino que se había empapado. Saludé a ambos y los pequeños ojos de ambos se clavaron en mi como preguntándose quien era, vi que ninguno de los dos traía zapatos y me reí un poco de la escena. Un poco apenando, tan solo me volví a meter a la oficina y alcancé a entender algo de lo que decían. La niña le preguntaba sobre mí y se reían con sus risillas infantiles mientras murmuraban entre ellos. Luego dejaron de sonar las puertas y escuché el correr de pies descalzos por el pasillo en cuanto una voz femenina y severa llamaba a los niños.

De nuevo me quedé solo y empecé a dormitar, no sé cuánto tiempo paso y sentí una mano helada tomarme de las mejillas, era Audrey. Había terminado con la preparación y su padre estaba dando los últimos detalles, así que aprovechó para presentarme con él. Era un hombre mayor, muy cordial y elegante, vestido de Tweed y mocasines de gamuza, que me saludo efusivamente. Subimos a la sala en donde bebimos té y conversamos acerca de la vida en la prisión, el hombre al igual que su hija había sido medico en la penitenciaria y ahora su hija heredaría su trabajo y la casa funeraria. Nos despedimos ya entrada la madrugada y me retiré a mi hogar.

Más tarde ese domingo. Fui de nuevo a visitar a Audrey para salir y llegué mientras el servicio funerario se realizaba, había muchas personas congregadas en la casa, algunos con caras tristes y otros con rostros de incredulidad, a lo lejos pude ver que en el patio había una niña columpiándose en los juegos y de inmediato la reconocí, era la pequeña de la noche anterior en la sala de prácticas. Parecía algo ocupada como platicado con alguien imaginario y no le tomé importancia.

Entré a la sala donde estaban los deudos del difunto y esperé un poco en tanto Audrey bajaba de sus habitaciones para irnos. Empecé a husmear entre las personas intentando reconocer a alguien y luego de un rato mire el ataúd que estaba rodeado de flores; pero algo me llamó la atención, la caja era más pequeña de lo normal, no terminé de sorprenderme cuando mis piernas se congelaron y sentí un balde de agua helada caer sobre mi cabeza al ver que en la foto colocada en el tripie, estaba el rostro infantil del niño con corte de príncipe y unos grandes ojos verde claro que parecían mirarme fijamente. Era el mismo niño que estaba jugando con la sobrina de Audrey. No quise quedarme con la duda y pregunté a una de la personas sobre el niño.

Atrás de mí estaba un hombre con rostro acongojando que parecía mirar fijamente al ataúd. Al preguntarle si conocía al niño fallecido, me dijo que era su sobrino y me contó que la tarde anterior el niño se había ahogado en un lago cercano al pueblo, la familia estaba destrozada por la pérdida y aceleraron el proceso de inhumación para que las autoridades no intervinieran, no me dijo razones. Pero todo era muy sospechoso. No quise indagar más. Me acerque al ataúd y miré el cuerpo del niño, estaba perfectamente presentado, parecía estar vivo aun y el color pálido con el que lo vi en la madrugada había desaparecido. Sentí temor y nauseas al pensar que había visto un fantasma; pero más aún porque la sobrina de Audrey estaba jugando con el de manera amena, en ese momento el piso se me movió y se abrió al asaltarme una sospecha. ¿Y si la niña en realidad también era un fantasma?

Caminé hacia la salida y me quedé paralizado pensando en eso, vi el columpio a lo lejos y se balanceaba solo. Sentí pánico y mis piernas se petrificaron, al ver que la niña de los ojos azules corría hacia a mí, había salido por un lado e iba con alegría hacia donde me encontraba parado y de pronto al tenerla casi enfrente de mi, salió una mujer que resulto ser Amanda la hermana de Audrey y la tomó entre sus brazos, sentí alivio; pero aún me perturbaba la idea de que la niña pudiera estar jugando con una aparición y no solo eso, que yo pudiera también verlo.

Mientras fumaba un cigarro, Audrey llegó y me abrazó por detrás, yo estaba algo tenso y tenía un temor e inquietud sobre el tema de los fantasmas, siempre pensé que eran historias para las fogatas y los 4 de julio. Nos alejamos y yo iba sumido en mis pensamientos, antes de que pudiera decir algo Audrey dijo algo que me dejó helado:
– ¿Viste al niño verdad? No lo alucinaste, en realidad si era un fantasma. Las mujeres en mi familia podemos ver a los espíritus; pero mi sobrina hasta puede hablar con ellos.

Yo me quedé parado en medio de la calle y la miré con temor, apenas iba a preguntarle algo cuando me interrumpió agregando:

–Aquí en el pueblo se hacen presentes muchos espíritus; pero veo que tú también puedes verlos. Acostúmbrate, no hacen daño solo quieren no sentirse solos, el niño era muy querido en la comunidad se llamaba Bertrand Mason y era hijo de un hombre rico en Jenkingsburg, un pueblo vecino. Así que la familia pidió que todo fuera discreto e inmediato. No querían preguntas.

Luego de decir eso, ya no quise tocar el tema, en realidad no quería pensar en que yo también era una especie de vidente-cazafantasmas. Así que lo fui olvidando y evitaba en lo posible visitar la casa de Audrey. Olvidé el asunto hasta que un día su padre me invitó a jugar ajedrez a su casa y platicábamos, en cierta parte de la plática el me contó de un amigo con el que comúnmente jugaba y que había muerto hacia unos meses en un accidente de trabajo, se llamaba Theodore Mason. Al escuchar el apellido recordé al niño fantasma y casi por inercia le dije:

–Mason, ¿Era pariente del niño ahogado? –Pregunté con cautela.
–Así es, era su tío. –Respondió con pesar en tanto se levantaba de la silla.
Se dirigió a un librero y sacó una especie de Anuario, en el estaban las fotografías de varios miembros de la comunidad y me enseño a Theodore Mason. Sentí una corriente eléctrica recorrer mi espina y la sangre se me heló al ver que el hombre de la foto era el mismo la que le pregunté sobre el niño el día de su funeral. El mismo que me había contado del accidente. Me puse pálido y el padre de Audrey me vio y sirvió un vaso de Whiskey irlandés en tanto me decía:

–Relájate, está muerto, a veces se aparece por aquí, supongo que por nostalgia. Si lo has visto no temas, mi nieta Melissa dice que hasta ha platicado con el…
Me levanté de la silla y me despedí del hombre. Mientras caminaba por las calles del pueblo veía a las personas pasar y no evitaba sentir temor y una especie de duda que me hacía preguntarme si en realidad veía gente viva o fantasma. Con el tiempo acepté mi condición y de tanto en tanto veía a espectros rondar por las calles de Jackson, supongo que lo único que deseaban era sentirse vivos de nuevo.

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LA EMBRUJADA Leyendas mexicanas

LA EMBRUJADA
Relato basado en una leyenda mexicana : “Doña Francisca la embrujada”
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Fue por el siglo XVI en la capital del país, siendo aun el virreinato de la Nueva España. Donde tomó lugar una leyenda que giraba en torno a la hechicería y poderes diabólicos que surgieron a partir de la envidia y la vanidad de una mujer llamada Doña Francisca. Corría el año 1554, en aquel entonces gobernaba el virrey Don Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón. Y aunque el tribunal de la fe se estableció en México hasta 1571, los castigos contra las brujas y la herejía se practicaban desde que los conquistadores llegaron.

Los juicios de este tipo en la Nueva España se hacían de forma rápida y expedita; los acusados eran encarcelados tras el juicio y después conducidos a la horca ó la quema. Los eventos extraños sucedieron en una casona ubicada en la calle de Cadena numero 7 , hoy conocida como calle Venustiano Carranza en el centro de la CMDX. Era habitada por Doña Felipa Palomares de Heredia, ella había sido esposa de uno de los capitanes de Hernán Cortez y había enviudado después de consumada la conquista, heredando el nombre y la fortuna de su esposo. Ella tenía un hijo llamado Domingo de Heredia y Palomares. El cual había sido mimado en exceso desde la cuna y criado con lujos y dispendio, siempre sobreprotegido por su autoritaria madre que, al ser hijo único era su consuelo y adoración, al cumplir la mayoría de edad su madre se preocupó por que su amado hijo se casara y tuviera descendencia, deseaba que se casara con una mujer de alcurnia y abolengo y por supuesto ella tenía que aprobarla.

El joven Domingo deseaba casarse, durante los años sometido a los cuidados de su madre, no había conocido a una mujer o entablado relación con alguna. El hecho de poder salir y mezclarse con jovencitas para enamorarlas era algo nuevo para él. Por lo que había obtenido el permiso de su madre para salir a dar la vuelta por los lugares de moda en donde jóvenes de la alta sociedad concurrían. Era común que en esos sitios se juntaran muchachos para escoger a los mejores partidos para casarse. Así que durante varios meses Domingo en compañía de sus amigos del colegio fue muchas veces a conocer sin éxito a una jovencita que no solo le gustase, sino que también fuera del gusto de su madre. Corrieron los meses y el joven no conseguía que alguna mujer se enamorase de él. A pesar de ser apuesto y con una gran dote, nadie se interesaba en el por ser introvertido y vivir bajo al ojo vigilante de su madre.
Decepcionado una tarde visitaba la catedral para orar por la salud de su madre y la bendición de poder conseguir una novia con la cual casarse. Aun no terminaba sus oraciones cuando frente a él se hincó una jovencita y al despojarse de su velo dejó entrever la hermosura de su rostro y el azul de sus grandes ojos que al verlos Domingo quedó extasiado con la juvenil aparición, su belleza virginal contrastaba con la intensidad de sus oraciones, tanto que hizo que el corazón del joven diera tumbos de emoción y prendado de aquella belleza.

Acercándose para poder contemplarla mejor. Notó que no era conocida, nunca la había visto en las reuniones o en los lugares de moda del virreinato. Emitiendo suspiros se hartó de ver la dulce figura y el candor de que era poseedora. Luego de terminar de orar se persignó y se acercó a una pila de agua bendita e introdujo sus dedos para hacer la señal de la cruz en tanto Domingo la observaba fijamente en todos su movimientos. Al salir de la iglesia y como era la costumbre, la siguió a prudente distancia para ver donde vivía. La joven en su andar se dio cuenta que Domingo la seguía y apresuró el paso, al llegar a su casa se metió sin dilación. El joven pudo observar que la casa era de mediana fábrica y estaba situada en la cerrada de Necatitlán. Al acercarse para observar mejor se quedo petrificado al ver que la joven salía intempestivamente de su casa para observar mejor al joven que, al darse cuenta se le subieron los colores al rostro y la joven le regalo una mirada y una sonrisa tenue que acabo por enamorar a Domingo.

A partir de ese momento Domingo de Heredia y Palomares, comenzó el cortejo y el asedio de la joven. La siguió por todas partes haciéndose presente por “casualidad” y la joven correspondía a sus intentos regalándole sonrisas discretas y miradas cargadas de ternura. Con el tiempo descubrió que se llamaba Doña Francisca de Bañuelos y era hija única de padres humildes y trabajadores en el centro de la ciudad. Eso en principio frenó los ímpetus de Domingo que al saber el origen humilde, pensó que su madre nunca aprobaría esos amoríos y jamás daría consentimiento para que se realizara una boda con la joven. Aun así y preso del amor que sentía por Francisca continuó con sus cortejos hasta que una noche después de seguirla una mano blanca salió por entre los barrotes de la ventana del cuarto de Francisca y el presuroso tomó el ofrecimiento y besó tenuemente la mano de la joven que después cerró su ventana para dejar soñando a Domingo con el roce de sus labios en su blanca y gentil mano. Ahí marcó el inicio de una relación de rejas en las que el joven noche a noche iba y descargaba sus mayores sentimientos de amor y promesas en la joven que, entre suspiros y murmullos musitó una declaración de amor que fue sellada con un beso breve de los carnosos labios de la joven Francisca.

Sin embargo los rumores corrieron rápido y la noticia de estos amoríos por parte de lenguas oficiosas llegaron a oídos de Doña Felipa. Y al escuchar las noticias rompió el cólera y lanzando gritos de asombro y molestia se arrodilló ante el sagrado corazón para pedir perdón por algún pecado que ella hubiere cometido para ser merecedora de tal castigo de ver a su hijo rendido a los pies de una plebeya. Las mujeres que le dieron la noticia se despidieron entre sonrisillas viles y triunfantes. Doña Felipa al ver que se iban, salió presurosa a buscar a la mujer que le había robado el futuro a su hijo.

fueron fuertes golpes del pesado aldabón que cimbraron la puerta de madera y herrajes, que la mano firme y encolerizada de Doña Felipa profería con odio. Fue la joven que al abrir la puerta sintió que las fuerzas de sus piernas le abandonaban y una corriente eléctrica la recorrió al ver el rostro deforme por la ira de la madre de Domingo. Sin preámbulos entró con prepotencia a la casa y Francisca al saber los alcances de la señora le dejó hablar. Su primer pedimento fue determinando: habría de alejarse de Domingo, pues ella era un plebeya sin nombre, ni fortuna, ni sangre noble. Además si se negaba el haría que su hijo le obedeciera y lo mandaría a España. Al decir esto Domingo salió de improviso de uno de los cuartos y con palabras firmes, enfrentó la ira y el reproche de su madre. Defendiendo el amor que sentía por la joven y su autonomía de escoger de quien se enamoraba, sin importarle las amenazas de su madre de desheredarlo ante la negativa de seguirla. Doña Felipa salió de la casa sorprendida por la actitud y el desafío de su hijo. Mientras los jóvenes ratificaban su amor y deseos de casarse.

Al paso de los días y mostrando cada vez sus deseos de casarse, Doña Felipa cayó en depresión y oraba para que Dios quitara de en medio a la joven y le devolviera el amor de su hijo. Pero al ver que sus oraciones no cobraban efecto en el corazón de su hijo, renegó de él y juró que Domingo no se casaría con aquella mujer. por ese tiempo y llorando amargamente su dolor con una amiga; le confesó que haría lo que fuera para evitar esa boda y esta última le contó de la existencia de una bruja muy poderosa y temida en muchas sociedades secretas de la Nueva España. Le dijo que era posible alejar a los enamorados a través de maleficios y que esta bruja era la indicada para llevarlos a cabo. Cegada por la rabia y por el amor enfermizo que sentía por su hijo, pidió ser llevada de inmediato a ver a aquella bruja que vivía por el área de la actual Tacubaya, al llegar al viejo jacal de la bruja, una mujer anciana de rasgos mestizos de aspecto torvo la recibió como si supiera a lo que iba la dama, Estando en el interior de su inquietante jacal con olor a copal y humo de leña. Doña Felipa le contó su penar y sus deseos de separar a su adorado hijo de Francisca. La bruja escuchando con detenimiento la petición de la preocupada mujer, le dijo que podía hacer el trabajo; pero le costaría mucho. Doña Felipa arrojando una bolsa llena de doblones cerró el trato prometiéndole que si funcionaba le pagaría con bastante generosidad. La bruja le ofreció darle una respuesta en dos días y para un jueves de esa semana tendría que regresar para revelarle el plan a seguir. Sin más demora Doña Felipa se despidió y salió gustosa y esperanzada en los poderes de la bruja. Su corazón estaba henchido de gozo al pensar que por fin Domingo volvería a ella pidiéndole perdón y abandonando a la maldita joven que le robo su amor.

Así llego la noche del jueves y Doña Felipa fue en busca de la bruja; luego de un rato le reveló un plan siniestro y de venganza que terminaría con la vida de la joven; pero para que este se cumpliera los jóvenes habrían de casarse, cosa que no le gustó a Doña Felipa; pero para poder lograr su objetivo debía ceder. La bruja entonces le dijo que después de la boda ella debía darle un presente a la mujer de su hijo, el cual la iría matando poco a poco y ante su mirada. Eso llenó de emoción a Felipa. Así convinieron y luego de que su hijo se casara con la joven estos fueron recibidos con alegría y resignación por Doña Felipa. Disculpándose ante la pareja les dijo que si Francisca no era de linaje. Su belleza y su temor a Dios eran suficientes para ella. Así se dio una gran fiesta entre amigos e invitados para desearle felicidad a la nueva pareja entre murmullos de desaprobación de la sociedad novohispana que había asistido al convivio .

Al mismo tiempo que la reunión se llevaba a cabo. En la laguna de Macuaitlapilco (hoy barrio de la Candelaria) La bruja celebraba un ritual diabólico en el cual sacrificaba a uno de los patos que abundaban en aquel lugar, en total degolló a siete de estas aves y cubrió con su sangre su cuerpo arrugado y rostro en tanto hacia las invocaciones a Satanás para que le concediera un favor, luego de terminar el ritual obtuvo de su señor la maldición que llevaría a cabo. Pasaron tres días de la boda y mientras los jóvenes gozaban de dicha y felicidad, Doña Felipa se acercó con un presente para su nuera. Era un cojín fabricado con telas de oriente y relleno de plumas que era bastante agradable al tacto que fue recibido con alegría y gratitud por la joven. Desde esa noche el cojín fue la almohada donde descansaba la cabeza de Doña Francisca sin saber lo que le esperaba. Al día siguiente de levantarse la joven se quejó de un inmenso dolor de cuerpo y de cabeza , causando la preocupación de Domingo y Doña Felipa que no escatimaron en brindarle cuidados y atenciones para el mejoramiento de su salud, mismos que fueron inútiles ya que conforme pasaban los días, la salud de la joven fue deteriorándose cada vez mas sin que ningún médico lograse mejorarla. Día a día la extraordinaria y fresca belleza de la joven se fue marchitando; pálida y desmejorada, no podía probar ningún alimento sin que lo devolviera en medio de sangre y coágulos negros que salían de sus entrañas. El cuerpo que una vez gozara de esplendida forma se fue tornando en una triste visión cadavérica con la piel pegada a los huesos y ojos hundidos en profundas y negras ojeras, el rubio y abundante cabello se fue cayendo a puños lentamente hasta quedar con algunos pelambres que sobresalían de una cabeza llena de costras resecas, fiebres y vómitos atormentaron a la pobre joven sin descanso.

Domingo en la desesperación mandó traer a un médico muy respetado de Valladolid y luego de examinarla su rostro mostró una preocupación al dar el diagnóstico; pues la desdichada Francisca presentaba el aspecto de los esclavos y presos de las galeras y mazmorras, algo parecido al tifus o tabardillo en estado avanzado; su destino estaba marcado por la muerte. Así pasaron unos meses y una tarde la desgracia cayó sobre la desafortunada Francisca que murió en medio de terribles fiebres y dolores. Luego de los funerales Domingo se encerró en su alcoba víctima de una gran depresión durante muchos días, apenas comía y se negó a la presencia de su madre , que comenzó a aborrecer al tratar de consolarle por la muerte de su amada esposa. La depresión dio paso a la locura y bajo el tormento de ver el lecho vacio en donde su esposa alguna vez durmió junto a él; hizo de su alcoba un santuario , abrazando y besando los lugares que ella tocó o los vestidos que ella vistió y durmió sobre el cojín satinado relleno de plumas.

Una de esas noches, Domingo se despertó sobresaltado luego de sentir frío en la alcoba y notó la presencia de algo sobrenatural y siniestro junto a su lecho. Al mirar; de entre las obscuras sombras de la habitación surgió la presencia de un ser descarnado, sintiendo un terror absoluto, su quijada se trabó y el grito de horror quedo atorado en su garganta. Luego de correr arrastrándose sobre el piso de la alcoba. Pudo ver que de entre la carne podrida del rostro que dejaba ver una dentadura amarillenta y la cuenca vacía de donde debía ir un ojo. De aquella descarnada aparición se asomaba tenuemente la presencia de Doña Francisca. Levitando por la habitación, el ser que vestía el atuendo gris y derruido que otrora fuera la vestimenta mortuoria de Francisca , se movía vaporosa al viento ante la mirada aterrada de Domingo. Con una voz de ultratumba le habló y le advirtió del cojín embrujado, el cual le provocó la muerte, chupándole la sangre poco a poco, enfermándola y finalmente llevándola a la tumba. Y que las autoras del atroz crimen fueron su madre y la bruja que conjuró al diablo. Antes de que la horrible aparición se diluyera entre las sombras, Domingo le lanzó un juramento de vengar su muerte.

Siendo aun de noche, Domingo salió sigilosamente de la casa sin que nadie se diera cuenta y corrió a hacer una denuncia ante el Santo Oficio, explicando su situación y la advertencia que el ánima de su esposa le hizo, los frailes inquisidores salieron a la tarde siguiente con ordenes de apresar a Doña Felipa y perseguir a la hechicera. Se dirigieron a la casa de la dama y no la encontraron, Domingo presuroso tomó el cojín satinado y se los mostró a los inquisidores, los cuales de un tajo lo cortaron por la mitad y cayeron al suelo cientos de plumas apelmazadas de ánade, las plumas estaban pegadas con una masa apestosa y negra. Al ver aquella asquerosidad se percataron que se movía levemente y al pisarlo, este dejó salir un líquido rojo que chispeó el suelo y los pies de los presentes. El líquido era sangre; mientras se hacia un enorme charco, las plumas parecían moverse como sierpes buscando absorber la sangre que emanaba de ellas mismas. Aquel horrendo espectáculo fue visto con horror y asco por los inquisidores que hicieron la señal de la cruz en tanto exclamaban:

“¡Brujería!”

En ese momento iba llegado Doña Felipa, la cual al ver a los inquisidores con sus negras capuchas y a Domingo viéndola con odio y pesadumbre, se hincó para pedir clemencia en tanto veía lo que su dinero había pagado: una infernal brujería.

Fue apresada, arrastrada a las mazmorras de la santa inquisición. Fue sometida a crueles torturas para que revelara la ubicación de la hechicera, cuando cedió al dolor y la humillación, habló y los inquisidores despacharon una guardia para ir a apresar a la bruja. En un juicio sumario, se condenó a ambas mujeres a morir quemadas en la entonces plaza de Santo Domingo; Doña Felipa Palomares de Heredia y la hechicera cuyo nombre jamás se reveló fueron humilladas y vejadas ante la mirada morbosa de decenas de personas que asistieron al tormento y muerte de las mujeres acusadas, mientras se leían los actos de herejía que cometieron y la muerte de la joven Francisca, crímenes por los que fueron acusadas. Se les dictó la sentencia de morir en la hoguera, así fueron atadas a postes y rodeadas de leña aceitada que avivo el fuego que poco a poco envolvió a las mujeres; en medio de gritos horribles y la risa burlona de la hechicera ambas fueron quemadas hasta las cenizas, las cuales fueron esparcidas y enterradas en lugares desconocidos.

Durante muchos meses, Domingo Heredia y Palomares se encerró en su casona hundido en la depresión y la tristeza, La gente decía que vivía en vergüenza y solo por haber señalado a su madre y ser responsable de su horrible y avergonzante muerte; pero lo cierto es que lloraba mas la ausencia de Francisca. No se supo nada mas de Domingo. La casa fue abandonada repentinamente y muchos aseguraban que el hombre se marchó a España llevándose pena y fortuna.

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FANTASMA IV

FANTASMA IV
Relato basado en experiencias reales de Joe Segovia
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Cuando era niño viví en un pueblito en Durango llamado Los Pinos, en aquel tiempo mis padres criaban chivas y borregos para la barbacoa y la vendimia los fines de semana en mercados locales. Todos los días teníamos que pastorear a los animales a pastizales lejanos, rodeados de cerritos y llanuras semidesérticas, con cielos azules y el clima seco y árido. Sin embargo a veces podías encontrar agua en medio de aquellos lugares, había de hecho.

Una pequeña presa que captaba el agua de lluvia y se alimentaba de un manantial subterráneo que mantenía agua durante todo el año. Era como un oasis rodeado de arboles de mezquite y cerritos . Muchos íbamos a ese lugar para darles de beber a los animales por lo que había que subir colinas y bajar hacia aquel lugar por en medio de un camino agreste. A mi padre siempre le gustó la bebida y a veces el subir ebrio por laderas y caminos, le cansaba y se quedaba dormido a media vereda, en tanto yo seguía acompañado por los chivos y sus balidos. Para ese entonces ya tenía 15 años, y era un hombre. Las personas de mi edad que vivían en aquellos lugares remotos nos hacíamos fuertes desde que nacíamos para soportar la vida y el clima extremoso, así que nunca fui una persona que se impresionara por cosas extrañas, había visto muchas en el desierto y las llanuras, que no tenían secretos para mí.

Sucedió que una noche que regresábamos para nuestra casa, mi mamá se había venido con nosotros. Mi padre había estado tomando todo el día, así que venia tambaleándose de una lado a otro, en tanto llevaba a mi mamá a paso lento entre los caminos. Cuando estábamos en la punta del cerro ya para regresar hacia el pueblo, noté que faltaba un pequeño chivito, me percaté que estaba cerca de la presa, por lo que deje a mi mamá esperando en tanto mi padre ya se había perdido en la obscuridad del camino. Como pude bajé a buscar al animal, lo escuchaba en algún punto entre los árboles, así que caminé por la orilla del manantial. escuchaba los balidos más cerca y cuando por fin lo pude hallar lo cargué y regresé hacia el camino.

Miraba el cielo estrellado y revisé al animal que balaba de manera extraña. De la nada sentí un escalofrío en mi espalda, seguido de un vientecito que comenzó a mover las copas de los arboles, luego algo me dio por voltear y vi que entre los matorrales surgió una especie de vapor blanco que comenzó a materializarse en algo parecido a una persona, una mujer de vestido largo. Le vi la forma más no las facciones del rostro, manos y mucho menos pies. Yo no quise hacer caso de esa aparición, pensé que era el reflejo de algo sobre el agua o alguna fumarola, las había visto antes pero no tan cerca del agua.

Yo continúe caminando con la chiva en mis brazos, la apreté con nervios y estaba tenso de ver como aquel vapor blanco me seguía por donde yo iba. Caminé un poco mas rápido y aquella aparición se postró junto a mí levitando a mi lado, luego me detuve y los nervios empezaron a hacer lo suyo, un miedo raro me invadió, no quería sentirlo, quería aguantarme; pero mis dientes rechinaban y mis piernas cada vez me pesaban más, aquello simplemente continuó hacia el frente de mí y desapareció entre las aguas del manantial. Me quedé petrificado durante un largo rato y cuando por fin reaccioné, corrí lo mas rápido que pude a donde estaba mi mamé esperándome.

Ella al verme se espanto porque decía que me veía pálido y agitado, pensó en un instante que me había picado algún animal o venia herido, no le dije nada y la jale del brazo para que nos fuéramos de ese sitio, como pudimos llegamos a nuestra casa y yo me derrumbé en una silla, con el temor en mi mente, no comprendía muy bien que había visto, recé algo, no recuerdo que; pero mi mamá me dio un té para que me calmara, mi padre estaba roncando en su cama y ella preocupada me dijo que quizás había visto el ánima de alguna persona que murió o estaba atrapada ahí.

Mi mente pensó que eso era incomprensible, había visto cosas raras; pero jamás tan cerca de mi o que me siguiera con voluntad propia. Después de ese día, no volvimos a regresar tan tarde de aquella presa, A mi no se me volvió a aparecer nada tan de cerca; pero supongo que a mi padre si, un día simplemente dejó de tomar y se la vivía asustado viendo a su alrededor todo el tiempo; pero ese será el motivo de otro relato.

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MALDITO Relato basado en experiencias reales

MALDITO

Relato basado en experiencias reales de Juan Sánchez
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán

Mi abuelo siempre fue un hombre duro y “bragado”, era de esos personajes hechos por la vida que te daban la impresión de que sabían de todo, fue ferrocarrilero durante mucho tiempo y viajó a muchas parte. Llevaba un estilo de vida sana y era un hombre grande, fuerte y lleno de vida. El vivía en un pequeño pueblo en el estado de Veracruz. Un lugar perdido en la sierra de los tuxtlas, de calles y brechas hechas de tierra lodosa y piedras de río, rodeado de arboles y vegetación, bastante cálido y húmedo.

El pueblo tenía pocos habitantes, las pequeñas casas de madera con techos de lámina estaban construidas a la orilla de las veredas y muchas de ellas no tenían puertas, en cambio colgaban cortinas y rejas para dejar entrar el aire fresco cuando caía la tarde, algunas otras como la de mi abuelo eran de material, sin revocar y con lo más básico. Obscurecía temprano apenas daban las 6 pm y la noche se apoderaba del lugar, los sonidos del monte envolvían todos los rincones de la población. La gente se metía en sus casas y ya no salía, por lo que las calles de tierra quedaban desiertas muy temprano y solo se podían escuchar los murmullos de las personas platicar o la música sorda de radios viejos al interior de los jacales.

El ambiente del pequeño poblado no era mejor, existían creencias en las cuales la gente se refugiaba y se abrían brechas entre vecinos a veces nadie se dirigía la palabra y el saludar solo eran muecas en la cara o movimientos de cabeza. Por una parte había muchas personas que eran devotas de la santa muerte y el curanderismo. Y otras profesaban el catolicismo de ultranza, por lo que a pesar de vivir juntos, los vecinos tenían una especie de guerra fría entre ellos por este motivo y mi abuelo no era la excepción. Siempre mantuvimos contacto con él. Nos llamaba frecuentemente y lo visitábamos en vacaciones. En aquel tiempo el comenzó a vivir con una señora y ya no supimos mucho de él, las llamadas se hicieron menos, hasta que dejó de hacerlo. Algo preocupados intuíamos que era por causa de esa señora con la que vivía y sacábamos conclusiones; pero no queríamos ser impertinentes con él, fue después de mucho tiempo que mi mamá recibe la llamada de una vecina de mi abuelo, ella la conocía pues mi madre había vivido algún tiempo en aquel pueblo siendo niña. Después de hablar un rato con aquella vecina, mi mamá se dejó caer en el asiento y llorando nos dijo que el abuelo estaba muy enfermo y que temían por su vida.

Sin pensarlo y apresurados, al día siguiente nos fuimos a ver a nuestro abuelo. Al llegar me invadió el mismo sentimiento de desesperanza al estar de nuevo en ese lugar, la casa de mi abuelo estaba a nivel de calle, al no haber guarniciones, la ventana de su cuarto estaba en el paso de la gente, así que al llegar lo primero que vimos fue al interior de la ventana, todo parecía igual, el tiempo no había pasado desde la última vez que estuvimos ahí. Las calles de tierra y piedras; el ruido de puercos y gallinas inundando el ambiente y los perros que nos recibieron a ladridos, nos dieron la bienvenida.

Al buscar a mi abuelo, nos dirigimos hacia la puerta principal y al entrar el cuadro era bastante deprimente a todos nos invadió la pesadumbre y las ganas de llorar al ver a nuestro patriarca postrado en cama con los brazos cruzados en el pecho, intentando jalar aire. Lo que otrora fuera un hombre fuerte y macizo, ahora era un despojo de piel amarillenta pegada a los huesos, con la barba y los cabellos largos que cubrían su rostro. Estaba acostado sobre un camastro cuyo colchón estaba manchado por los orines y el excremento. El cuarto estaba lleno de basura y de trastes sucios, las cucarachas y las alimañas habían invadido el lugar que, apestaba horriblemente. Al acercarnos a él, apenas si podía hablar y no nos reconoció, tenia demencia y temblaba pidiendo algo de agua. Estaba completamente solo y de la mujer no había ninguna señal de su presencia, aunque sabíamos que aun vivía con él; pero no lo atendía. Los vecinos a veces se daban a la tarea de ayudarlo en lo más mínimo.

Agobiados por todo eso, nos dimos a la tarea de limpiar su casa y atenderlo, bañándolo y afeitándolo, era perturbador verlo sin cabello y flaco hasta los huesos, sus ojos sumidos y ojerosos nos daban las gracias; pero aun no identificaba quienes éramos. Decidimos llevarlo al doctor en un poblado cercano; pero sería a la mañana siguiente. Nos quedaríamos esa noche, mis hermanos y mis padres se fueron a dormir, yo aun preocupado me salí para fumarme un cigarro en tanto me daba sueño. Caminé unos pasos y el ambiente olía a humo, la gente quemaba hojas y basura con el fin de ahuyentar los mosquitos, miraba a las estrellas cuando de pronto vi que la ventana de la casa de mi abuelo salían unas manos y al acercarme vi su rostro avejentado y amarillo, sentí un poco de lástima al verlo. Me voltee y continúe fumando, pensaba muchas cosas; pero más que otra cosa el cómo es que había llegado a ese estado en tan poco tiempo, era extraño. Luego de darle una última calada el cigarro. Vi que el abuelo ya no estaba en la ventana.

Algo me llamó la atención al ver a la planta alta de la casa, tan solo estaban levantados los muros, no tenia techo. En la obscuridad de una de la ventanas había algo extraño, algo que me hizo sentir una corriente eléctrica recorrer mi espalda. Asomando estaba una figura blancuzca, era una “persona” alta que tenía un rostro lleno de morbo, sus ojos negros sin parpados estaban sumidos en su rostro blanco y sin expresiones. Me miraba fijamente, al ver esta horrible aparición me voltee y cerré los ojos pensando que solo era mi imaginación. Empecé a rezar la magnífica; pero no recordaba una sola línea del rezo y eso en vez de hacerme sentir calma, me hizo sentir más pánico, un leve ventarrón hizo mover las ramas de una palmera y abrí los ojos para ver que esa aparición estaba postrada en el tronco de una manera imposible. Más cerca de mí y casi pude oler las intenciones malignas que tenia.

Salí corriendo a la casa, el corazón se me salía del pecho y al llegar abrí la reja de la entrada, corrí al interior del pasillo. Sintiendo un poco de alivio caminé lentamente entre la obscuridad de la casa y al pasar por el cuarto de mi abuelo, vi que tenia la luz encendida. El verlo produjo en mi aun mas angustia de la que llevaba, parecía balbucear algo, sus ojos sumidos estaban bien abiertos y la boca seca dejaba ver los pocos dientes que le quedaban, quería decir algo pero se esforzaba por jalar aire. Cuando por fin pudo pronunciar alguna palabras que no comprendí: ” No la encontré” .

Aun con la impresión de lo que vi, me fui muy desconcertado a acostarme, intenté dormir; pero estuve dando vueltas en la cama, no sé en qué momento el cansancio me venció y soñé cosas horribles. Serian las 4 de la mañana cuando un ruido me despertó , estaba agitado y sudando a mares. Estaba en la total obscuridad; pero el ruido de unos gritos que provenían de la casa, hizo que me parara enseguida. Todos estaban en el cuarto de mi abuelo, el cual se convulsionaba de una manera horrible e imposible. Mis padres le gritaban que se calmara y mis hermanos tenían los ojos bien abiertos por el miedo.

El abuelo gritaba una y otra vez entre sus delirios, intentando golpear a mi mamá y a su mujer: “No lo encontré, ya te di todo…!”

Como pudimos entre todos intentamos calmarlo, al ver que los ataques no cedían, lo subimos de inmediato a la camioneta para llevarlo a urgencias, me subí primero al vehículo y luego me lo pasaron para acomodarlo en el asiento. En un momento breve, el abuelo pareció recobrar la lucidez por unos segundos, me apretó de los brazos y me miró con angustia al tiempo que me decía llorando: ” no la encontré…” Luego lanzó un grito de agonía y comenzó a vomitar coágulos de sangre, en tanto se desmallaba, Manejamos lo mas rápido que pudimos al hospital y al llegar el ya estaba muerto. Lo metieron a urgencias ya sin signos vitales. Yo bajé vomitando de la camioneta por el malestar, me sentía muy débil y sin fuerzas. Mi familia estaba consternada por toda esa situación y esas malditas palabras que mi abuelo repitió hasta morir: ” No la encontré…”

La penosa tarea de hacer el papeleo y esperar a que nos entregaran el cuerpo del abuelo fue abrumadora, luego de varias horas, quedaron en enviarnos el cuerpo a su casa y nos retiramos a preparar todo para su velorio. Al llegar su ataúd lo acomodaron dentro de su habitación pegado a la ventana con vista a la calle, donde siempre le gustaba estar. Llegó mucha gente a su funeral, y pasamos todo ese día y la noche atendiendo a las personas. Mientras escuchaba algo molesto las letanías y los rezos que rompían el silencio, me salí a fumar con unos jóvenes, que eran hijos de los padrinos de mi mamá. No quería estar solo en ningún momento así que caminamos a la esquina y entre pláticas sin importancia, una perturbadora visión me asaltó. En un árbol de mango que estaba en el patio de la casa de mi abuelo, estaba aquel personaje blanco con ojos negros saltones y morbosos que había visto la noche anterior. La aparición levitaba por entre las ramas del árbol, haciendo aun más horrible verlo. Mi corazón comenzó a latir fuertemente y sentí que mis extremidades se paralizaron, luego nada.

Lo siguiente que recuerdo era que estaba tirado en el piso, los jóvenes y unas señoras que habían ido a los rezos estaban intentando reanimarme, me senté y mi cabeza reventaba, me sentía aturdido y con dolor de cuello. Uno de los jóvenes que estaba fumando conmigo , me dijo que me había desmayado; pero que además torcí el cuello mirando al cielo en una posición imposible, con la cabeza casi pegada a la espalda. Me preguntaron si me sentía bien, estaba adolorido; pero me sentía completo. Todos se espantaron al ver que sucedía esto conmigo e intentaron calmarme, yo no recordaba nada de eso y me angustié.

Al acabar los rezos, mis familiares despidieron a todos y nos quedamos platicando entre nosotros y después nos retiramos a dormir. El ataúd de mi abuelo se quedó en su cuarto y solo estaba iluminado por una veladora y la luz de la calle se reflejaba en el. Por la madrugada me levanté al baño y fui a ver a mi abuelo por última vez. Por la mañana lo llevaríamos a enterrar. Me despedí y “platiqué” con él, luego de un rato vi pasar una sombra por la ventana y me dirigí a mirar quien había sido, la calle estaba sola y no se miraba nadie. Enseguida de esto, vi con claridad que unos vapores blancos se materializaban ante mí y luego tomaban la forma de algo parecido a mi abuelo, voltee al ataúd y para mi sorprendido entendimiento el cuerpo de mi abuelo no estaba ahí, solo se veía el fondo acojinado de un ataúd vacio.

Temblando de miedo, me dirigí a mi cuarto que estaba en la parte trasera de la casa y con vista al patio, me senté en la cama y no podía respirar bien. El ruido de la polea del pozo de agua que tenía el abuelo en el patio me alertó y al voltear, vi con espanto que estaba ahí, desnudo con la piel amarilla pegada a los huesos y los ojos saltados, sus dientes parecían salirse de sus labios secos y no pude más. Grité con todas mis fuerzas y me tiré al piso a llorar de miedo. Cuando mis familiares encendieron la luz, estaba temblando y les conté lo que vi. Mis padres fueron a revisar el ataúd y todo estaba en orden, el cuerpo de mi abuelo aun estaba ahí, inerte.

Una tía, hermana de mi abuelo dijo con seguridad: ” Mi hermano está molestando a este joven, No te preocupes mijo, ya mañana lo enterramos y le haremos sus rezos”
Luego de esto rezamos un rosario y nos fuimos a acostar. A la mañana siguiente fue su entierro, El cementerio estaba cerca y fue mucha gente a despedirse. Luego de enterrarlo nos reunimos en su casa y al obscurecer mi tío me pidió que fuera al cementerio por una pala y unas cubetas que había olvidado. Yo estaba temeroso en ir. Así que corrí y me dirigí a la tumba de mi abuelo. Me quedé un rato mirando y preguntándole que había dejado pendiente y porque se me presentaba. No terminé de decir esto cuando a unas tumbas de la suya, la maldita figura de ese ser blancuzco que estuvo atormentándome desde que llegué, se apareció entre las tumbas y de pronto se dejo venir hacia a mí con una rapidez increíble. Corrí, mis piernas corrieron lo más rápido que pudieron, yo sentía que aquello me pisaba los talones aun saliendo del cementerio y al llegar a mi casa me desplomé asustado. Estaba harto, quería largarme de ahí lo antes posible. Le conté a mi familia lo que vi y como me sentía. Enseguida una de mis tías fue por una curandera para que me diera una “barrida” y curarme de espanto. Después de que hizo la “limpia” sentí mucho cansancio y me fui a dormir, esa noche no supe mas y me desperté por la mañana. Ya estábamos listos para marcharnos.

Antes de irnos, mi madre se fue a despedir de unas amistades y yo me quedé en la esquina de la casa de mi abuelo a fumar, pensaba en todo lo vivido y temía por que aquello no me siguiera. Estaba sumido en mis pensamientos cuando un señor que no conocía se me acercó y me saludó preguntándome si era el nieto de mi abuelo, al confirmarlo el comenzó a decirme algo que me perturbó y me sigue poniendo a pensar. El afirmó que él y mi abuelo eran amigos de parranda, tomaban mucho casi todos los días en la cantina del pueblo. Tomaban mezcal hasta perderse. También sospechaba que la mujer de mi abuelo se lo había “chingado” con alguna clase de trabajo, ya que desde un tiempo a la fecha cayó enfermo y su salud se fue degradando. El decía que la mujer de mi abuelo harta de las borracheras y sus infidelidades con las meretrices de la localidad, ideó algo para frenar esa conducta, una brujería.

Mi abuelo según al sentirse mal y después de ir con médicos, intuyó que le estaban haciendo un “trabajito” por lo que fue con una curandera amiga suya y lo que le dijo no fue nada alentador para él, según el amigo esta mujer le confirmó que tenía una brujería muy fuerte y que para deshacerla tenía que hallar una cadena de plata con un dije del mismo material que había sido enterrado en el panteón junto a una foto suya en alguna preparación inmunda para controlarlo. En ese momento relacioné las palabras de mi abuelo antes de morir.

El amigo también me dijo que en una de sus borracheras, se levantó envalentonado y amenazó con ir al cementerio a buscar el “trabajo”, un amigo con los que tomaba se ofreció a acompañarlo y ambos salieron de la cantina dispuestos a todo. Dice que estuvieron buscando durante un rato en medio de la obscuridad y al no hallar nada decidieron salir; pero antes de eso el amigo volteó y vio una extraña aparición al fondo del cementerio, era un ser humanoide blanco y con ojos negros que salían de sus cuencas, con una boca provista de pequeños dientes negros que parecían burlarse de ellos. Este ser sostenía la cadena de plata que había sido de mi abuelo y la balanceaba en señal de burla. Lo más aterrador para ellos era que esta aparición tenía unas piernas extrañas como de chivo y estaba parado sobre ellas en tanto caminaba lentamente hacia donde ellos estaban. Salieron corriendo gritando de pavor. Esa misma noche el amigo que acompañó a mi abuelo murió de un infarto por el susto y mi abuelo cayó enfermo y por esa razón lo hallamos así, siendo un despojo.

Cuando mis familiares me llamaron para irnos, me despedí del hombre y me dijo que sentía mucho lo que le había pasado a mi abuelo y que esperaba que descansara en paz, yo intuía que no seria así y hasta la fecha intuyo que él se me presentaba para que buscara la cadena y la enterrara con él. Antes de marcharnos di una última mirada a la casa de mi abuelo y me pareció verlo ahí parado afuera de su casa con su rostro enfermo y triste, mirándome con desdén. Nunca más regresé a ese lugar.

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LA ESTUFA Relato basado en sucesos reales

LA ESTUFA
Relato basado en sucesos reales
Escrito y adaptado por Eduardo Liñán.

Esta es una historia que me platicó hace algún tiempo una señora que hacia la limpieza en mi casa. Le había pasado a un matrimonio que había vivido cerca de su casa. Ellos vivían en el sector Tierra Negra al norte de la ciudad y se habían casado jóvenes. Vivían en una casa de material sin revocar que habían levantado con mucho esfuerzo en el terreno del padre del joven, tenían muchas deudas y limitaciones. El era ayudante de albañil y ella hacia trabajos de limpieza y preparaba lonches para algunos vecinos. Tenían pocos muebles y eran en su mayoría usados, heredados por familiares.

Además pasaban por una situación muy difícil, el esposo no tenia empleo y ella apenas si sacaba para comer y los gastos; para colmo un día la estufa que tenían para preparar los almuerzos dejó de funcionar, sucumbió ante el oxido y al paso del tiempo y como era vital para seguir teniendo ingresos se preocuparon.
Así que decidieron ir a una tienda de abonos a preguntar precios de las estufas, y pese a que el vendedor trató de convencerlos de llevarse una estufa con sus ridículas ofertas, y con un plan de pagos semanales muy ventajoso. La pareja se dio cuenta que jamás lograrían pagar por aquella estufa. Así que decidieron irse a una tienda de empeños y comprar una usada. Después de un largo día de búsqueda, por fin encontraron en una venta de garaje una estufa muy antigua y grande, de cuatro hornillas con horno. la mujer nunca había tenido una estufa con horno asi que se emocionó y pensó en todo lo que podía hacer con aquella estufa.

El joven al acercarse a preguntar el precio sin mucho ánimo, la anciana que estaba vendiendo objetos le explicó que todos los muebles los habían sacado de una propiedad y que tenían años de no usarse, y era evidente que la estufa era antigua pero funcional, no tenia defectos aparentes. Cuando le dijo el precio, el joven se emocionó, traía lo justo para comprarla, aunque se quedarían sin dinero de momento sabía que su esposa se pondría a trabajar en ella, así que sin pensarlo la compró. Como pudo la montaron en un taxi y la llevaron a su hogar, la instalaron y probaron, con emoción se dieron cuenta que todo funcionaba perfectamente, hicieron su cena y se dispusieron a dormir, y ahí fue que comenzaron los problemas, primero fue un gato que tenían de mascota, la joven despertó en la madrugada al escuchar ruidos en la cocina, al ir a revisar se percató que provenían del horno de la estufa y pensó que era una rata que se había metido, en ese lugar abundaban, asi que tomó una escoba y se dispuso a sacarla, con mucha precaución abrió la puerta del horno y súbitamente salió el gato despavorido. Al verlo lanzó un grito de terror que despertó a su esposo. Al ir a ver, la encontró asustada y llorando, al preguntarle que paso, le conto lo que había sucedido y no se explicaban cómo es que el gato pudo meterse al horno, no había como, ya que tenía un gran seguro. Revisaron las puertas y todo estaba cerrado, regresaron a dormir y todo quedó en algo extraño sin explicación.

Días después la joven despertaba angustiada por la madrugada al haber tenido sueños horribles, estaba sola ya que su esposo se había ido a tomar con amigos, las cosas no andaban bien para el, ya que no tenía trabajo y menos dinero; pero de algún modo siempre tenía para tomar. Sin pensar mas y dandose valor sola, decidió hornear unos cupcakes que iba entregar en unas horas, había perdido el sueño, todo iba bien, el olor a azúcar y canela invadía el ambiente, de pronto oyó un ruido proveniente de la estufa. golpes raros que parecian venir del horno, apresurada pensó que los cupcakes habían reventado y se asomó por el cristal de la cubierta.

Sintio un escalofrío y se entumió su cabeza al ver algo que se asemejaba a una mano, ennegrecida y quemada en el interior del horno. lanzó un grito de horror y cayó al suelo, al sentir que sus piernas no le respondían, se arrastró alejándose de la estufa, con el corazón saliendo de su pecho, salió de la casa y enseguida se levantó apresurada para cerrarle al gas. Dejó que pasara un momento y tomo su celular para llamarle al marido; pero después de varios intentos no le contestó.
Se quedó pensativa en que había sido todo aquello, y recordó lo del gato. Ella era creyente de cosas paranormales y buscó alguna explicación fuera de toda lógica. Pensó en una historia que le había contado su abuela. Según ella a veces las cosas quedan impregnadas con la energía de sus anteriores dueños, quizás el anterior propietario había sido alguien que cocinaba a sus víctimas, que era algún tipo de bruja que se comia a los niños y muchas cosas descabelladas comenzó a pensar, mientras transcurría la noche, era la enésima vez que llamaba a su esposo, sin respuesta. –Maldito borracho, pensó.

Con el valor que le quedaba, se acercó lentamente a la estufa, armada con una escoba y como pudo, con las manos temblorosas abrio la cubierta del horno y esperando encontrar algo macabro, respiró hondo al caer la pesada puertecilla. No había nada dentro, solo los cupcakes horneados y humeantes. Sin saber que pensar sacó los panecillos y se retiró a dormir. Se había encerrado en el cuarto, asustada y sola.

Mientras llegaba el alba se quedó dormida y a la mañana siguiente, despertó por los ruidos del gato arañando la puerta. Pensó que todo aquello había sido un sueño y estaba todavía sola, su marido no llegó, no se le hizo extraño, decidió pararse y al abrir la puerta del dormitorio la invadió un penetrante olor a gas, corrió a la cocina y estaba segura de que habia cerrado el tanque. La casa estaba invadida del penetrante olor y al entrar en la cocina, vio con lastima que su gato estaba muerto dentro del horno. Apenas podía respirar por el olor y abrió puertas y ventanas. Al acercarse al tanque, se dio cuenta que estaba cerrado, eso fue demasiado, algo pasaba y era algo sobrenatural.

Despues de enterrar al gato, decidio ir con su abuela a preguntarle o pedirle algun consejo sobre lo que sucedia, intuia que todo giraba alrededor de la estufa que compró su esposo, el cual y a pesar de ser medio dia, aun no aparecía. Fue a dejar los cupcakes y después a visitar a su abuela; vivia cerca de su casa y no la encontró, por lo que regresó y pensó durante el camino en deshacerse de aquella maldita estufa. Si el borracho de su marido estaba le pediria ayuda.
La tarde había caido y la oscuridad parecia dominar la colonia, un apagón había dejado sin luz a muchos vecinos. Luego de abrir la puerta, sintió de inmediato una sensacion de sofocación y pesadez que hizo que le doliera la cabeza. Se dirigió a su cuarto por una lampara y vio con angustia que su esposo aun no llegaba.

La lamparita iluminaba tenuemente las penumbras de la casa, y de pronto notó algo raro y era una luz que provenia de la cocina, se dirigió ahi y al llegar vio con panico que los 4 quemadores de la estufa estaban encendidos y tenían una enormes flamas saliendo de ellos. Antes de que pudiera hacer algo, los quemadores simplemente se apagaron dejandola en penumbras y temblando de la impresión. Aquello era demasiado, decidio irse de inmediato de la casa y dejar todo ahi. Apenas iba a su cuarto para tomar su ropa, cuando a sus espaldas escuchó un fuerte golpe que la puso tensa.

El golpe parecía venir de la cocina, asi que caminó lentamente para ver que era esta vez, mientras lo hacía, el ruido de los golpes parecia ser mas fuerte y mas frecuente, en tanto se iba acercando identificó el sonido y era el de la cubierta del horno abrirse y cerrarse violentamente. Al llegar a la cocina, estuvo un buen rato en silencio y de nueva cuenta escucho el ruido; pero esta vez provenia del interior. Quiso correr y alejarse de ahi; pero en vez de eso pudo escuchar un murmullo de una voz que decía “que quieres”

Eso la detuvo en seco. Caminó lentamente hacia la estufa y se paró frente a ella y se petrificó. El fuerte ruido de algo golpear fuertemente el interior del horno la puso en alerta nuevamente y agarrando valor se acercó y lo abrió, su entendimiento, su valor y su cordura fueron hechos pedazos al observar que dentro del horno estaba lo que parecia ser una pequeña persona de piel negra, estaba metido de una forma imposible con sus extremidades alrededor de una gran cabeza, cuyos ojos eran brillantes y llenos de morbo, una boca sin labios parecia sonreirle con unos pequeños dientes negros que contrastaban con la negrura de su piel y ojos.

Era una desquiciada visión, la joven se fue de espaldas y arrastrandose sin dejar de ver aquello que permanecia en el horno. Como pudo se levantó y salió corriendo gritando asustada por la impresión de haber visto esa horripilante aparición. Huyó para casa de su abuela, llegó corriendo y con el corazón saliendo de su pecho y con un dolor de cabeza que la hacia sentir como si fuera a reventar. Al ver que su abuela aun no llegaba, se sentó a esperar en la banqueta, llorando sin parar. Luego de unas horas la señora por fin llegó y al ver a su nieta angustiada se preocupó, la invitó a pasar y esta a su vez le contó todo lo que había padecido.

La anciana era un experimentada curandera, asi que no dudó un segundo en irse a deshacer de aquella estufa, todo lo mal que estaba pasando con su nieta y su esposo se debía en gran parte por la influencia de aquel objeto maldito. Esa noche la joven no pudo dormir, pensaba en su esposo, en la estufa y la mirada maniatica del ser obscuro que halló dentro del horno. Como pudo se quedó dormida y al dia siguiente fueron las mujeres acompañadas de un vecino a sacar la estufa y “limpiar”la casa. Luego de llegar, notaron que la puerta estaba enteabierta, la joven no recordaba si la habia cerrado. Al entrar un hedor a carne quemada, inundó sus sentidos y una humadera pestilente invadía la casa. Al dirigirse a la cocina, el horror hizo que tanto ellas como su acompañante, temblaran y se llevaran las manos a la boca de la impresión.

En el interior del horno parecia estar metida una persona, de la cintura hacia arriba, parecia que se quemaba ya que del cuerpo calcinado salia humo, al acercarse para mirar de cerca la dantesca escena, la joven dio un grito de dolor y pesadumbre al descubrir que los restos de la persona calcinada eran de su esposo.

Mucho se pensó de que el joven se había suicidado; pero no encontraron ningun indicio que lo ocurrido. En aquella ocasión la joven enloquecida salió de la casa, dejando todo y nunca más se supo de ella. Tiempo después los familiares decidieron vender la casa, al ir a sacar los muebles, la estufa permanecia intacta, nunca se supo cual fue su destino; sin embargo debe estar por ahi, atormentando y tomando la vida de sus propietarios.

~Eduardo Liñán

EL DIABLO EN ANALCO

EL DIABLO EN ANALCO

una noche de abril del año 2007 un grupo de jovencitos llego hasta la rinconada del jardín Juarez en el barrio de Analco en un pequeño automóvil tipo guayin pero en ella viajaban de manera asombrosa y seguramente muy incomoda mas de 10 jóvenes, 12 para ser exacto, 7 hombres y 5 mujeres, llegaron hasta ese lugar casi a las once de la noche, para ver con sus propios ojos unos muñecos que estaban en una ventana, uno estaba senado en una mecedora y otro de pie junto a “ella” pues el otro muñeco parecía ser una anciana, los dos eran iluminados por la luz intermitente que emitía un adornado árbol de navidad…si en pleno mes de abril y ahí permanecían los adornos navideños, el ventanal que es muy grande se podían apreciar con una magnifica panorámica la curiosa escena, pero el grupo de jóvenes no iba solamente por ese motivo si no por todas las historias que se contaban alrededor de esa casa y de esas figuras que quizá no eran tan inertes como deberían.

Los jóvenes se acercaron a la ventana, a ver quien se atrevía a quedarse mirando a los muñecos y comprobar todo lo que se decía, uno de ellos el mas osado decidió cruzar la calle y tocar la puerta metálica de la casa, todos guardaron silencio por varios segundos, conteniendo la respiración, esperan ver una siluete, escuchar algún sonido, sentir alguna presencia pero nada… justo al momento de respirar aliviados y apunto de sonreír por la innecesaria tensión, justo en ese momento la luz se apago, todo el jardín Juarez y las calles aledañas quedaron a obscuras, el pánico cundió entre los muchachos, las chicas comenzaron a gritar desesperadas, y todos corrían al auto para escapar, en el alboroto sintieron que se helaba su sangre cuando escucharon unas carcajadas y de las tinieblas emergía un enorme perro negro, la impresión fue tanta que una de las chicas entro en crisis nerviosa y se quedo gritando una y otra vez sin poderse contener, como pudieron sus compañeros la llevaron hasta el auto, rápidamente entraron en el a pesar del apretado espacio y de la cantidad de ellos, pero con las ansias de huir lo hicieron en un santiamén y partió el pequeño auto a toda prisa mientras se escuchaban los gritos de la pobre joven que aun seguía en shock causado por esa experiencia que recordara toda su vida, esa noche todos ellos sintieron que eran verdad lo que se dice y el Diablo anda en el barrio de Analco.

Pero a pesar que pareciera que esa experiencia era un verdadero hecho sobrenatural, la realidad es que no es así, en realidad la luz de ese jardin se apagaba todos los días a las 11 de la noche, quizá por algún tipo de error exactamente a esa hora el alumbrado publico se reiniciaba dejando en tinieblas esa plaza por algunos minutos, fue una verdadera coincidencia que ellos tocaran la puerta unos instantes antes que de apagaran las luces, en cuanto al can, pues era uno de los muchos que sacan a pasear diariamente a ese jardín y al ver el alboroto, el can corrió y se acerco curioso y ellos lo confundieron con una apraricion demoníaca y las carcajadas, pues provenían de los que tuvimos la fortuna de ver esa chusca escena de esa fallida expedición y a exactamente a esa hora.

Aunque los hechos tenían explicaciones simples, hubo algo que en principio los hizo querer ir a ese lugar, pues la gente suele decir que en el barrio de Analco se aparece el diablo, en otra ocasión llegaron 2 camionetas grandes tipo panel con varias personas formando una buena comitiva, llegaron a este mismo lugar y bajo esos ventanales donde se encontraban los muñecos junto al árbol de navidad el guía les explico:
en este lugar existe siempre el peligro que entre el mismo demonio, ya una vez lo hizo y fue tal el revuelo que causo que nunca lo olvidaron, por eso en esa casa siempre es navidad, pues navidad es de Dios y así engañan al diablo que no puede entrar en esa casa mientras las luces estén prendidas y vea que hay gente ahí festejando, si se llegan a apagar esas luces, en ese momento el demonio entrara.

Así sentencio el guía de la pequeña expedición que si bien su historia es bastante absurda, trataba de seguir la tradición que desde hace muchos años se dice que en esos lugares de vez en cuando se pasea el diablo y siempre se le relaciona con esa casa con muñecos en las ventanas, unos extraños muñecos que no parecen tener un rostro definido, pero muchos han dicho que si los miras fijamente podrás ver que sus ojos se mueven poco a poco para tratar de encontrar a los tuyos, aunque hay muchos que dicen que han podido percibir el movimiento de los ojos, nadie a esperado lo suficiente para hacer contacto visual con ellos.

Una joven vecina del rumbo asegura que que mientras corría para ejercitarse alrededor el jardín, le dio la impresión que los muñecos habían cambiado la posiciones de sus cabezas, no le dio demasiada importancia al hecho y continuo con su actividad, pero al dar la vuelta estaban los muñecos volteando hacia la dirección contraria a la ultima vez, ahora si se detuvo y los contemplo con detenimiento, se quito los audífonos para que poder percibir algún sonido, había oscurecido ya y la muchacha jadeaba debido al ejercicio y observaba detenidamente los muñecos que no parecían hacer el mínimo movimiento, al cabo de unos instantes y para no perder el ritmo continuo su rutina pero ahora llevaba la imagen exacta de a que lado estaban volteando los muñecos y cuando dio la vuelta y paso de nuevo frente a esa casa, sin detenerse volteo de reojo y pudo ver como esos muñecos habían cambiado la posición de sus cabezas, la impresión fue terrible no había explicación posible, por eso hay quien dice que si pasas frente a ellos y disimuladamente observas a que lado están volteando los muñecos y das una vuelta por el jardín, al regresar y sin detenerte ni voltear a verlos fijamente podrás ver como esos muñecos voltean hacia otro lado, y también dicen que si esperan en silencio en una de las bancas mas obscuras de ese jardín y si esperas lo suficiente escucharas en el jardín un ligero llanto, el llanto de pena y remordimiento de un hombre que desde hace muchos años deambula por ese jardín y que le llaman el llorón de Analco y que en la madrugada se puede escuchar sus llantos y después sus gritos de dolor y desesperación, por haber visto de frente al mismo demonio, por eso no buena idea que si lo escuchas vayas a investigar, pues podrías toparte de frente con el demonio en forma de bella mujer, que de vez en cuando llega para con el llorón para continuar la historia que comenzó hace muchísimos años en esa casa donde ahora esos muñecos observan el paisaje impávidos, tal vez vigilan a esa pareja que no deben estar juntos o tal vez sirvan para espantarlos y evitar que esa bella mujer de nuevo entre a esa casa como cuando lo hizo por primera vez, pues esa casa, esa barrio, esa mujer y el propio llorón son protagonistas de una de las mas grandes leyendas de la ciudad, y que es de las pocas que afortunadamente sigue viva, y que como pudiste leer hay muchas historias que siguen hilándose y muchos sucesos, algunos graciosos pero otros verdaderamente inexplicables y otros francamente escalofriantes, y todas esas historias se tejieron porque en ese lugar fue en donde hace muchos años se celebro el Baile de la Calle Volantin, que les contare la próxima vez y desde entonces se dice que el diablo anda en Analco.

si observas con cuidado en las ventanas, en el foto podrás ver a uno de los muñecos, si te gusto la leyenda por favor compártela con tus amigos y espera las próximas publicaciones, hasta pronto,

Pues muy agradecido por su participación y hacer tan reñida la eleccion, se publicaran ambas, pero en primer lugar ustedes eligieron.

LA FIESTA

LA FIESTA
Anécdota basada en hechos reales, contado por Claudia Flores
Escrito y Adaptado por Eduardo Liñán
Foto : Pedro Luis Guzmán.
Mi madrina era una mujer mayor que rentaba un cuartito junto con uno de sus nietos en el edificio Ruiz, situado en las calles de Bolívar y Carranza en la zona centro de Tampico. Ella vivía en unos pequeños cuartos que se situaban en los sótanos de ese lugar, sus reducidas ventanas estaban casi al nivel de la banqueta, por lo que solo veías las piernas de la gente al pasar. Tenía por costumbre sacar su mecedora a la acera todas las tardes y disfrutar de los vientos vespertinos que refrescaban los días calurosos del verano, en los que el bochorno y la humedad hacía sofocante permanecer en el interior de las casas. Mientras tejía, veía a la gente pasar en compañía de una vecina que vivía frente a su departamento.

Foto: Pedro Luis Guzmán.

Ambas platicaban de los viejos tiempos en tanto tejían carpetitas para las cómodas o respaldos de los muebles, conocían a casi todos los transeúntes y vecinos que pasaban, las saludaban o algunos se quedaban a platicar con ellas, sentados en huacales o cajas de refresco que sacaban del pasillo del edificio. En ese lugar se daban amplias y amenas charlas en lo que caía la noche, a veces con tamales y otras con café negro de olla que mi madrina preparaba para la ocasión. Ahí se pasaba un rato agradable hasta que se iba el ultimo vecino, las mujeres se retiraban a sus cuartos a descansar y al día siguiente seguían la misma rutina.

El edificio contaba con varios departamentos en los cuales la rentas eran muy módicas, por lo que siempre estaban ocupados y con muchos inquilinos. Marinos, jornaleros y trabajadores de las tiendas del centro; todos eran conocidos por mi madrina y su vecina. En una de esas tardes en las que ambas señoras platicaban y tejían; la concentración de pronto fue interrumpida por una peculiar ventisca helada que las alertó y al volver la mirada de su tejido, notaron que de pronto se acercaba una mujer de aspecto pulcro que iba ataviada con un vestido antiguo estilo victoriano en color rojo, con pechera abotonada hasta el cuello y olanes que salían de sus mangas largas. Su rostro reflejaba un impecable trabajo de maquillaje y su cabello castaño era sedoso y abundante. ambas mujeres la miraron con desdén y cuestionándose el por qué de su vestimenta y su aspecto que resultaba inquietante y escandaloso para ellas, dado el tiempo caluroso, se preguntaban si no tendría calor. “Manga larga y en verano, habrase visto…” ambas pensaban en tanto la mujer se les quedaba viendo con un par de ojos claros y una expresión serena y soberbia les preguntó con algo de prepotencia al par de ancianas si sabían donde era la fiesta.

Ambas la miraron con cierto aplomo y en tono severo respondieron que no había tal fiesta, que si sabia donde era, que ahí en el edificio no había tal. Sin embargo mi madrina le dijo a la mujer si deseaba pasar al edificio y preguntar en los departamentos, quizá alguno de los inquilinos le daría mejor información. Al decir esto, aquella elegante mujer las miró y agradeció con un movimiento de cabeza, enseguida pasó el umbral de la enorme puerta del edificio y se adentró en el largo pasillo decorado que llevaba a la escalera central. En ese momento ambas mujeres se miraron entre si como cuestionándose lo que acababan de presenciar. Mi madrina al voltear a ver el lento y sutil caminar de la mujer, abrió los ojos y su cabeza se entumió sintiendo una corriente eléctrica recorrer su espalda, dejó caer el tejido de sus manos y con la boca abierta ,señaló para que la vecina viera el motivo de su horror. Extrañada volteó a ver y se llevó una enorme sorpresa al ver que la mujer elegante flotaba a través del largo pasillo, lentamente y sin moverse fue desapareciendo en la obscuridad y giro a la derecha para “subir” por las escalinatas que daban al piso superior. El tiempo se detuvo para ellas y en lo que alcanzaban a comprender que fue lo que habían visto. Luego de un rato, un grito de pánico las alertó y vieron como una mujer bajaba corriendo por las escaleras en busca de ayuda y gritando con desesperación. Casi cayéndose llegó a donde estaba mi madrina y su vecina que se habían parado de sus asientos y con los rostros asustados preguntaban que había pasado.

La mujer sollozante se arrojó al piso llorando y les dijo que su hijo acababa de morir, que había visto a una mujer muy bonita cerca de él y que al mirar más de cerca aquella aparición se esfumó ante sus ojos, y vio que su hijo había dejado de respirar. Al ver que había muerto salió corriendo asustada por ayuda.

Mi madrina y su vecina nunca se explicaron que había sido todo aquello; pero las perturbaba el hecho de haber visto a aquella extraña mujer y las circunstancias en las que el hijo de la vecina había muerto. A todos los que contaban esta anécdota coincidían al decir al final del relato: “Era la muerte, que vino por ese joven…”

“Si vas a copiar y pegar este relato respeta los créditos del autor – relator y cita la fuente de donde lo tomaste, Gracias.”

Derechos de contenido reservados 2017 © Eduardo Liñán.

Leyendas de Morelos (zacatecas)

LAS BRUJAS… Dia 6
La Leyenda de la Bruja del Tepozteco
Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán.

El estado de Morelos es rico en innumerables leyendas; prehispánicas, sobrenaturales y muchas que han tenido que ver con la formación del país. Sin embargo es en Tepoztlán en donde nos encontramos con una leyenda fascinante. En ese lugar existe el cerro del tepozteco, un lugar mágico que guarda secretos y convergen muchas culturas y mitos, tanto de este mundo como de otros mas allá de nuestra comprensión. Esta historia sucede hace muchos años cuando el pueblo comenzó a crecer y a ser parte de la visita de cientos de personas que venían a este sitio a cargarse de energía y a practicar el esoterismo y curaciones místicas. El curanderismo y chamanismo tenía un lugar privilegiado en este sitio y había muchos representantes de esas prácticas.

Pero la energía mística del lugar también atrajo a fuerzas obscuras, contrarias a lo que en su mayoría se practicaba aquí. Los pobladores comenzaron a ver extrañas apariciones en las inmediaciones del cerro, eran bolas de fuego que iban de un lugar a otro atravesando los cerros a gran velocidad y postrándose en los arboles. Los cuales no se quemaban a pesar de ser envueltos en un gran fuego, parecía que estos lugares les daba fuerza a aquellas apariciones las cuales parecían aumentar en tamaño y numero. La gente empezó a temer por sus vidas y lo peor llegaría después. El temor y la psicosis colectiva se apoderó del pueblo, todos temían que aquellas apariciones presagiaban males y pestes . Empezó a haber entonces casos de niños muertos en circunstancias extrañas, que amanecían sin vida con el cuerpo lleno de moretones y heridas por las cuales se desangraban. Incluso con los padres a un lado; simplemente morían lentamente sin que nadie se diera cuenta. Los padres alegaban que caían en un sueño muy profundo y que no se percataban de los gritos o lo que pasaba a su alrededor mientras sus hijos perdían la vida de forma extraña. Pero todos los sabían, se trataba de las brujas que se alimentaba con la sangre de los infantes.

Los curanderos entonces empezaron a ayudar a la gente a protegerse. Ajos y cebollas en puertas y ventanas, alrededor de las camas y cunas para ahuyentar a las brujas, además de un sello para las entradas , que eran cruces benditas hechas de semillas de mijo; todo lo anterior para evitar que la maldad acechara y entrara a las casas. La medida comenzó a funcionar y las brujas poco a poco se iban retirando de aquellos lugares, algunas veces la gente encontraba los restos putrefactos de mujeres muertas en las copas de los árboles o a las orillas de los caminos, que evidenciaban que estas, al no tener de donde alimentarse iban muriendo poco a poco. El tiempo pasó y las extrañas presencias en el cielo comenzaron a dejar de verse a excepción de una que atravesaba el cerro y el pueblo de extremo a extremo a gran velocidad. La paz era relativa, aun había temor y los chamanes decían que aquella bruja se retiraría o moriría conforme pasaran los días; pero estaban en un error.

Se dice que toda esa afrenta y exterminio , hizo enfurecer a la maldita bruja y empezó una cruzada para cobrar venganza en contra de los curanderos, los cuales empezaron a morir, sufriendo horriblemente por asfixia, envenenamiento, estrangulación y el ultimo de los curanderos mayores fue decapitado y desmembrado, su cuerpo fue hallado en un callejón aledaño a la plaza principal, rodeado de animales muertos , todos los curanderos estaban desangrados; por lo que intuían que la bruja se estaba alimentando de ellos. El miedo se comenzó a sentir en todo el pueblo nuevamente, la gente no salía a las calles por temor y los días de terror agobiaron a Tepoztlán ya que las muertes de los pobladores comenzaron a suceder continuamente.
Por aquellos días, una curandera muy vieja de gran experiencia en manejo de energías y plantas medicinales, regresó al pueblo después de un largo viaje de preparación en cerros de la región. Al enterarse de la situación se llenó de coraje y juró que todos sus amigos y curanderos recibirían justicia. Fue entonces que se preparó por varios días en algún punto del cerro del tepozteco.

Cuando por fin terminó de equilibrar sus energías y estar lista para el encuentro con la bruja, bajó del cerro por una vereda y le salió al paso la bruja, era un anciana indígena de rostro arrugado y siniestro, con vestidos de la época prehispánica, descalza y con los pies negros llenos de hollín, en cuyos ojos se reflejaba la maldad y el odio por la humanidad y todo lo que representaba la bondad y el amor. La lucha entre ambas fuerzas comenzó de manera brutal, era tanta la energía y la fuerza con la que peleaban a muerte, que se desató una gran tormenta en el pueblo, relámpagos y truenos sonaban por todo el valle y los rayos se concentraban en el cerro reventando las piedras y ocasionando derrumbes que peligrosamente caían en las casas de los pobladores, los cuales salieron a la plaza para ver aquel místico encuentro.

De algún modo se dieron cuenta que la curandera estaba perdiendo y es que era tal la maldad de la bruja que su poder era muy vasto, fue entonces que las mujeres y algunos ancianos decidieron hincarse y orar para ayudar a la curandera con sus oraciones, al hacer esto el cielo se abrió entre las obscuras nubes de la tormenta para dar paso a un rayo de luz que cubrió a todo el pueblo. Entonces la bruja comenzó a perder fuerza y sintió temor por lo que decidió huir, como conocía las veredas y las cuevas del cerro, corrió por un camino empedrado, pero ya la estaban esperando los hombres del pueblo armados con machetes y palos. La bruja entonces intentó alzar el vuelo cubriéndose de fuego, pero estaba tan debilitada que su vuelo era errático y chocaba con las piedras y las laderas del cerro, en algún punto, la naturaleza comprendiendo la maldad y el peligro que representaba esta figura siniestra, hizo que se abrieran las rocas del cerro para enterrar a la malvada bruja para siempre, quedando impreso su rostro en la piedra, como advertencia de la obscuridad y el odio que puede alimentar la maldad.

Con esto terminó la terrible maldición que cubría a Tepoztlán, la paz y la magia volvió al pueblo que comenzó a acrecentarse con el tiempo. Sin embargo dice la leyenda que la bruja sigue ahí atrapada en el cerro, esperando la oportunidad de salir, cargándose con la energía negativa de la gente para tomar fuerzas de nuevo y romper su prisión de roca, y regresar a cobrar venganza con los pobladores de Tepoztlán.

~Eduardo Liñán

Las brujas de Yucatán

LAS BRUJAS …
Leyenda de la Bruja Monia… Maxcanú, Yucatán.
Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán

Lourdes Madero Lanz es la única mujer considerada “Brujo Mayor” en la historia de Yucatán, ejerció el oficio de bruja desde muy joven y por varios años hasta su muerte en 1969, conocida como la bruja “Monia” realizo infinidad de trabajos de hechicería y brujeriles a lo largo de seis décadas hasta morir a la edad de 88 años, fue después de un supuesto exorcismo practicado a un pobre hombre que seria poseído por una fuerza obscura, en la que venció y encerró al espíritu del mal. Posteriormente le fue dada la jerarquía de “Brujo Mayor” y ahí comenzó su leyenda.


Para ser considerado Brujo Mayor la persona debe tener mayores conocimientos sobre diversos tipos y especialidades de brujería de los 150 que existen y haberlo practicado por muchos años, La Bruja Monia, dominaba y ejercía la brujería en la región conocida como “Camino real”, que iba desde Chocholá en Yucatán hasta Calkiní en Campeche. Ella tenía su casa en la villa de Maxcanú, levantada en medio de la jungla, en donde se dedicó a hacer todo tipo de trabajos, tanto de curación como negros.

Con una experiencia muy basta, la mujer era muy poderosa y astuta, todos los brujos tanto de Camino Real como de Veracruz y Tabasco la iban a consultar para que los ayudara y les enseñara las diversas artes de la brujería. Monia al alcanzar este nivel, se volvió ambiciosa. Deseaba mas, aunque vivía humildemente no deseaba fama, dinero, amor y cualquier cosa terrenal que la alejara de su verdadero destino.

Buscaba incansablemente el conocimiento y el poder para ser invencible ante cualquier otro brujo e incluso del horripilante espíritu del mal conocido en el mundo maya como Kabasbal, y a todas las huestes infernales que eran regidas por el maligno. Se dice que en su tiempo muchos hechiceros le temían y preferían no pedir su ayuda, tenían el temor de que al retar al maligno, este se vengara de ellos por ayudarla o consultarla. Era un regla entre ellos, podías dañar a las personas, hacerlos sufrir, pero tenias limites y uno de ellos era respetar al maligno, con el no podías jugar, ni siquiera mencionar su nombre, ya que de él emanaba la fuerza y el conocimiento para ejercer la brujería, Pero Monia era soberbia y eso le acarrearía consecuencias.

Monia logró ser la mejor hechicera de toda la región, su fama era bastante conocida y el poder que tenia la llevó a imaginarse como “reina del inframundo” y cayó en una obsesión que la llevó a dejar de hacer trabajos para la gente, simplemente abandonó todo y se fue a vivir a la selva, aislada de todo contacto con el mundo exterior, levantó una casita de paja y adobe, a unos 10 kilómetros al norte de Maxcanú, todo en aras de prepararse y alcanzar el poder para invocar y retar al maligno.

La leyenda cuenta que Monia tuvo por fin la manera de invocar al demonio , en cierta noche de diciembre durante el solsticio de invierno cuando la noche es más larga y la obscuridad reinaba por todos lados, hizo salir al maligno de entre el monte y al verlo se inclino ante él para pedirle su ayuda para eliminar a un enemigo poderoso que atormentaba a un cliente. El demonio complacido con Monia por haberle llevado a cientos de almas a sus dominios. Le respondió que le ayudaría; pero tenía que lleva a la victima a un pozo natural muy cercano en medio de la selva de donde emana la maldad, al estar ahí el surgiría de entre las sombras para entrar en el cuerpo del maldito y atormentar al enemigo antes de matarlo y robarle el alma.

Se dice que al llegar la noche, Monia llevó a un infortunado hombre completamente drogado y bajo el control de la hechicera, se internaron en el monte y al llegar al pozo, los ruidos de la selva y de la noche dejaron de escucharse. De pronto surgió una siniestra figura: era un hibrido de hombre con torso y cabeza de chivo, en cuyos ojos se reflejaba el fuego infernal, era un Huay Chivo que comenzó a hablar con Monia y le dijo “Hazlo ahora…”

La bruja arrodilló al hombre y el espíritu maligno del Huay Chivo se introdujo en el, mientras el hombre se revolcaba, victima de terribles dolores. La bestia permanecía inmóvil junto con él en un estado aletargado. En ese momento y aprovechando su vulnerabilidad, la mujer arroja a ambos al pozo y sacó un unos líquidos hechos de hierbas que retardaban por varias horas la conversión del demonio, esto lo debilitó al punto que no podía trepar por los muros, chillidos infernales y blasfemias se dejaron escuchar por todo el lugar mientras que Monia colocaba una gran tapa que tenia grabado un símbolo en sanscrito con la que cubrió el pozo y sobre ella coloco una roca, el símbolo debilitaría mas a la bestia que balaba lastimeramente y le rogaba que no lo dejara ahí. cada que se acercaba a la tapa para salir este caía de nuevo a las putrefactas aguas. Se dice que la victima también había recuperado la conciencia y trataba de salir trepando las paredes, pero la bestia no lo dejaba y entre ambos luchaban por salir sin éxito. Al final la vida del hombre se apagó ante el cansancio y la impresión de tener a aquel ser infernal cerca. El demonio aceptando su destino espero pacientemente a que su cuerpo se pudriera para escapar al inframundo, antes maldijo a la hechicera y juró vengarse. Monia lanzó un par de hechizos de amarre y sello para asegurarse que el demonio no escapara de esa prisión. Después de eso se retiró, estaba satisfecha, su corazón no cabía en el pecho de felicidad, había logrado la gran hazaña de su vida: derrotar al demonio y su leyenda creció aun más, había ganado una batalla, pero su alma y su vida se condenaron para siempre.

Se dice que al morir, el demonio se presento en el funeral para reclamar el cuerpo y el alma de la mujer, no se sabe si en verdad se convirtió en señora del inframundo, pero lo cierto es que su leyenda permanece aun en nuestros días entre los círculos de hechiceros de todo el mundo. Los cuales acuden a la última morada de la bruja, su casa cercana a Maxcanú donde aún permanecen sus paredes llenas de humedad y maleza, dicen que la energía es tal en ese lugar que los espíritus de los hechiceros muertos se reúnen ahí, y que la maldad de cientos de trabajos enterrados aun en nuestros días, ha logrado hacer maldito a este lugar y que el demonio acecha todavía su casa. en espera de almas que llevar al inframundo en donde seguramente estará el espíritu de Monia burlándose de la victoria que tuvo sobre el maligno.

~Eduardo Liñán